miércoles, 22 de febrero de 2017

Nagorno Karabaj pasa a denominarse oficialmente República de Artsaj

Este lunes 20 de febrero se realizó un referéndum popular en la República de Nagorno-Karabaj Artsaj, mediante el cual la población votó con el  87,55 % de los sufragios, pasar a un sistema presidencialista, entre otras reformas constitucionales. El plebiscito también incluía un ítem que trataba sobre el cambio de nombre de la República, que luego de la votación, pasa a recuperar su denominación histórica de “Artsaj”.
En diálogo con este portal, el Defensor de Derechos Humanos de la República de Artsaj, Rubén Melikyan, confirmó la modificación, aclarando que la denominación de Nagorno Karabaj continúa en pie, sólo que en adelante, debe estar entre paréntesis luego del nombre “Artsaj”, a la inversa de lo que sucedía hasta ahora.


viernes, 3 de febrero de 2017

Revelan cómo el espacio cambió el ADN del astronauta gemelo

Mark y Scott Kelly, gemelos y astronautas. (NASA)
Scott Kelly pasó 340 días en la Estación Espacial mientras su hermano se quedó en Tierra. Ahora difundieron sus estudios genético.

Los “gemelos espaciales” ya no son idénticos: tras un año transcurrido en la Estación Espacial Internacional, el ADN de Scott Kelly sufrió cambios, según datos que acaba de difundir la NASA.
En 2015, la agencia espacial estadounidense lanzó una misión inédita protagonizada por dos astronautas, los hermanos Scott y Mark Kelly. La particularidad es que los Kelly son gemelos idénticos. Mark se quedó en tierra y Scott se fue al espacio, donde pasó casi un año (exactamente, 340 días). El objetivo fue, a su regreso, analizar cómo el espacio afectó su cuerpo. Y eso fue posible porque acá había quedado su “doble”, con quien contrastaron todas las pruebas.
Scott (izquierda) y Mark (derecha), en diciembre (AP)
Ahora, están los resultados preliminares de esos estudios, en los que todos los parámetros vitales de Scott y su material genético fueron comparados con los de Mark. Las conclusiones acaban de ser presentadas en Texas. Los análisis fueron llevados a cabo bajo la dirección del genetista Christopher Mason, de la Cornell University de Nueva York, y dados a conocer en la convención sobre el Programa de Investigación Humana de la NASA organizada en Galveston (Texas), además de haber sido publicados en la revista Nature.
“Los datos son tan frescos que algunos de ellos acaban de salir de las máquinas para la secuenciación”, dijo Mason. Ahora el desafío es comprender cuáles de los cambios observados fueron provocados por el año pasado en ausencia de gravedad y cuáles a variaciones naturales.
Los primeros datos indican que los cambios observados en la actividad de los genes de Scott son semejantes a los que se deben en la Tierra a condiciones de estrés, como modificaciones en la dieta o el sueño. Pero las variaciones de Scott son más amplificadas y podrían deberse al estrés causado por el comer alimento liofilizado y el dormir en ausencia de gravedad. Otros cambios se refieren a las estructuras que se encuentran en los extremos de los cromosomas, llamados telómeros, conocidos por estar asociados con la longevidad. Contra toda expectativa en Scott, durante el vuelo espacial, estas estructuras se alargaron respecto de las de su gemelo.
Además de los cambios a nivel celular, hubo otros, que ya habían sido revelados por la NASA. Scott regresó a la Tierra el 1° de marzo último en una cápsula con dos cosmonautas rusos. Entonces, descubrieron que había crecido cinco centímetros. Eso se debió a la falta de gravedad en el espacio exterior, que hace que los discos espinales se expandan.
Los resultados de estas investigaciones son claves para las próximas misiones tripuladas al espacio, en especial para el viaje de largo aliento a Marte. “Este conocimiento nos va ayudar a averiguar cómo hacer frente a esos cambios fisiológicos en las misiones aún más largas que están por venir cuando vayamos a Marte”, había dicho el entonces director de la Oficina de Ciencia y Tecnología de la Casa Blanca, John Holden, cuando Kelly regresó a la Tierra.
Durante todo el tiempo que pasó en la estación, Scott Kelly se convirtió en una celebridad y rompió el récord de ser el estadounidense que estuvo más tiempo en el espacio. Usuario muy activo de Instagram, publicó 713 fotos en su cuenta de Instagram Kelly y lo siguieron casi un millón de personas en su cuenta de Twitter. Hasta llevó adelante un proyecto artístico, en el que compartió increíbles fotos de la Tierra vistas desde el espacio, que parecían cuadros.
Pero además realizó 400 experimentos de investigación científica. Por ejemplo, cultivó la primera flor en el espacio y comió la primera lechuga espacial.

Un paisaje africano desde el lente del astronauta Scott Kelly.
Fuente: Clarín

miércoles, 18 de enero de 2017

Chilenos quieren tren de alta velocidad en frontera con Perú

Sólo funciona este autovagón
Un sector del empresariado chileno tiene interés en impulsar en Tacna la operación de un tren de alta velocidad que pueda trasladar pasajeros entre Tacna y Arica (Chile) en media hora. Así lo manifestaron ayer en el Consejo Empresarial Peruano-Chileno.
En Tacna funciona un autovagón que tiene capacidad para menos de 50 pasajeros y hace una ruta de 62 kilómetros hacia Arica en hora y media.
El peruano Emilio Rodríguez, empresario de Latam Peru, y el chileno Andrés Montero de Maltexco S. A. expresaron su desacuerdo con el informe que emitió el Ministerio de Economía y Finanzas peruano en noviembre del 2016, el cual señalaba que no era rentable la operación de un tren para el servicio masivo. Los empresarios argumentaron que las más de seis millones de personas que cruzan la frontera al año justifican impulsar el proyecto.


Fuente: La República

martes, 17 de enero de 2017

Arabia Saudita inicia su transición energética: invertirá 50.000 millones de dólares en renovables hasta 2023

Arabia Saudita comenzará a solicitar ofertas en las próximas semanas para la primera fase de un ambicioso programa de energía renovable que requerirá la inversión de entre 30.000 y 50.000 millones de dólares, ha anunciado el ministro de Energía, Khalid Al-Falih.

El mayor productor de la OPEP planea generar cerca de 10 gigavatios (GW) de energía renovable, principalmente solar y eólica, para el 2023, dijo en una conferencia de energía en Abu Dabi.
La primera licitación puede ser de 700 megavatios de capacidad con un coste de alrededor de 700 millones de dólares, de acuerdo con Roberto de Diego Arozamena, CEO  de la compañía saudí Abdul Latif Jameel Energy, que tiene previsto hacer una oferta para el contrato.
Arabia Saudita planea para el año 2030 producir el 70% de su energía a partir de gas natural y el 30% restante de energías renovables y otras fuentes, dijo Al-Falih. Lo que no dijo fue cuánta capacidad renovable licitará el país en las próximas semanas, ni cuántas plantas nucleares entrarán en funcionamiento.
El reino se halla con los exportadores de crudo luchando contra los déficits presupuestarios originados por la caída de los precios del petróleo de los dos últimos años. La construcción de más plantas de energía solar y el desarrollo de una industria nuclear forma parte de un plan más ambicioso que el príncipe Mohammed bin Salman anunció en abril para diversificar su  economía y no depender tanto de las ventas de crudo como principal fuente de ingresos públicos.
El objetivo de 10 gigavatios es “sólo el comienzo”, dijo Al-Falih. “En estos momentos no soy capaz pronosticar la capacidad renovable que alcanzaremos en 2050”.

Planes nucleares

La meta para aumentar la capacidad de las energías renovables en los próximos siete años es alcanzable, y el inicio del proceso de licitación es una señal de que Arabia Saudita se está tomando en serio lograr el objetivo, dijo De Diego Arozamena en una entrevista en Abu Dabi.
Khalid Al-Falih, ministro de Energía saudita.
Arabia Saudita también se está moviendo para desarrollar energía nuclear, sector en el que tiene la intención de construir dos reactores con una capacidad combinada de 2,8 GW, dijo Al-Falih. El país se encuentra actualmente en la etapa de ingeniería básica y de diseño de sus plantas nucleares.
La única planta solar del país en funcionamiento, además de un proyecto piloto más pequeño, es una instalación de 10 megavatios Saudi Arabian Oil Co., de propiedad estatal, conocida como Saudi Aramco. La eléctrica nacional, Saudi Electricity Co., está buscando ofertas por dos plantas para generar un total combinado de 100 megavatios.
Arabia Saudita antes tenía objetivos a largo plazo para la energía renovable, cuando los precios del crudo eran casi el doble de su nivel actual. Su programa solar inicial preveía invertir más de 100.000 millones de dólares en proyectos para producir 41 gigavatios de energía para el año 2040. En enero de 2015, el gobierno retrasó una década la fecha límite para cumplir con ese objetivo, argumentando que necesitaba más tiempo para evaluar la relevancia de estas tecnologías.
El programa solar actual de Arabia Saudita es viable, dijo Francesco Starace, director ejecutivo de la eléctrica italiana Enel, que quiere participar en proyectos de energías renovables allí. Arabia Saudita “no tiene ningún problema para conseguir financiación si las reglas básicas están bien definidas”, dijo en una entrevista en Abu Dabi.

martes, 10 de enero de 2017

El gigantesco iceberg que está a punto de separarse de la Antártica

La fotografía es de noviembre de 2016.
Está por convertirse en uno de los 10 icebergs más grandes jamás registrados y su tamaño equivale a más de la mitad de la isla de Puerto Rico.

Los científicos afirman que este enorme témpano de hielo está a punto de separarse de la Antártica, en el Polo Sur. Una grieta antigua creció de repente en diciembre del año pasado y, ahora, apenas 20 kilómetros de hielo mantienen unido al bloque de alrededor de 5.000 kilómetros cuadrados con el continente antártico. Larsen C, como se la conoce, es la plataforma de hielo que se encuentra más al norte de la Antártica.

Vulnerable

Un grupo de investigadores en Swansea, Gales, afirman que la pérdida de una pieza de ese tamaño dejará al resto de la plataforma de la Antártica vulnerable a rupturas futuras. Larsen C tiene unos 350 metros de espesor y flota en los mares al borde de la Antártida Occidental, frenando el flujo de glaciares menores. Los investigadores han estado siguiendo la grieta de Larsen C durante muchos años. Señalaron que la observan con "cierto temor" tras el colapso de la plataforma de hielo Larsen A, en 1995, y la ruptura repentina de la plataforma B de Larsen, en 2002.

La grieta es de unos 100 m de ancho, pero se estima que es de medio kilómetro de profundidad.
Los científicos no son los únicos en estar muy atentos a lo que allí sucede. El año pasado, investigadores del Proyecto Midas de Reino Unido advirtieron que la grieta de Larsen C crecía rápidamente.

En un par de semanas

Las observaciones del equipo de Gales señalan que, en diciembre del año pasado, la velocidad de crecimientode la brecha se aceleró y aumentó 18 kilómetros en sólo un par de semanas.
Lo que pronto podrá ser un iceberg gigantesco ahora es un bloque de hielo que cuelga del continente antártico por un "hilo" de tan sólo 20 kilómetros de largo.
La grieta es de unos 100 metro de ancho, pero se estima que es de medio kilómetro de profundidad.
"Si la separación no se produce en los próximos meses, me sorprenderé", afirmó a la BBC el profesor Adrian Luckman, uno de los investigadores de la Universidad de Swansea. "Está tan cerca de la ruptura que creo que es inevitable", añadió.El profesor Luckman señaló que el área que se separará será de unos 5.000 kilómetros cuadrados, un tamaño que hará de ese iceberg uno de los 10 más grandes que se han registrado.

Consecuencias

Los investigadores, sin embargo, dicen que se trata de un evento geográfico y no climático. Señalan que la grieta ha estado presente durante décadas, pero que se ha profundizado y extendido en este momento en particular.

La repentina ruptura de Larsen B, en 2002, continuó con la "espectacular" desintegración de esa plataforma.
Una de las hipótesis es que el calentamiento global pudo provocar la separación del iceberg, pero los científicos de Swansea dicen que no tienen ninguna evidencia directa para comprobar aquello. Lo que de verdad les preocupa a los investigadores es cómo la ruptura afectará al resto de la plataforma.
Mucho más considerando la forma "espectacular" en la que Larson B se desintegró en 2002 después de una ruptura similar. "Nosotros estamos convencidos, aunque otros no están, que la plataforma de hielo restante será menos estable que la que existe ahora", apuntó Luckman.

El nivel del mar

A medida que flote sobre el mar, el iceberg resultante de la ruptura no elevará el nivel de las aguas, explica el profesor. Sin embargo, si la plataforma se rompe aún más, podría dar lugar a glaciares que se hundan y toquen tierra. Este hielo no flotante sí tendría un impacto en el nivel del mar, señala Luckman. Según las estimaciones, si todo el hielo que Larsen C actualmente retiene se hunde en el mar, las aguas globales pueden aumentar hasta 10 centímetros. Hay pocas certezas en este momento de lo que pueda pasar, más allá de un cambio inminente en el contorno de la costa helada de la Antártica. "Las probables consecuencias podrían ser que la plataforma de hielo se derrumbara en unos años o décadas", indicó el profesor Luckman, "Será un gran cambio geográfico que cambiará el panorama de la región".

Fuente: BBC Mundo

miércoles, 4 de enero de 2017

Fascinación y escepticismo para un teleférico en las afueras de Ciudad de México

Una vista de Ecatepec de Morelos desde la Estación Mexicable #4. El Mexicable es una línea con siete
paradas que recorre poco más de cuatro kilómetros a través de un tramo de vecindarios pobres en una ladera
ECATEPEC DE MORELOS, México - Avanzar por encima del tráfico infernal de Ciudad de México normalmente es una prerrogativa de los adinerados, quienes toman helicópteros o pagan por usar el segundo piso del Periférico para evitar el caos que está abajo.
Sin embargo, en octubre, miles de residentes de este suburbio industrial comenzaron a llegar al trabajo o la escuela en vagones de colores que se deslizan a lo largo de la primera ruta de teleférico de la ciudad.
El Mexicable, una línea de siete paradas que recorre poco más de cuatro kilómetros a través de un tramo de vecindarios pobres en una ladera, es parte de una creciente constelación de teleféricos en toda América Latina que enlazan comunidades marginadas con los centros metropolitanos de sus ciudades.
En Ecatepec, el municipio más peligroso y grande de la Zona Metropolitana de Ciudad de México, de más de 20 millones de habitantes, el Mexicable ha traído nuevos visitantes, viajes más cortos, una explosión de arte urbano y un nuevo sentimiento de inclusión, dijeron algunos residentes.
“Es genial”, dijo Marco Antonio González, quien solía pasar una hora en un autobús abarrotado para ir desde su casa en San Andrés de la Cañada, la parada final del Mexicable, a su trabajo en un almacén en el centro de Ecatepec. Ahora hace un trayecto de 17 minutos sin complicaciones por encima de techos pardos, canchas de fútbol a medio cubrir de pasto y calles estrechas llenas de banderines brillantes.

“Nunca habían construido algo tan impresionante como esto en un vecindario como el nuestro”.
El nuevo sistema de transporte lo llena de orgullo. “Nunca habían construido algo tan impresionante como esto en un vecindario como el nuestro”, dijo.
Ecatepec se extiende hacia el norte desde el extremo final de la red del metro de la capital hasta colinas empinadas donde casas de bloques de hormigón se apilan como piezas de Lego. Muchos de los usuarios del teleférico se suben a un autobús y después al metro para llegar a sus trabajos - en restaurantes, casas, oficinas o sitios de construcción - en las partes más acomodadas de la ciudad.

Una niña con su abuelo. El Mexicable transporta en promedio a 18.000 pasajeros al día.
Nancy Montoya, un ama de casa que vive en Esperanza, cerca de la sexta parada del Mexicable, dijo que ahorra cerca de dos horas al día con el nuevo sistema de transporte; es el mismo tiempo que pasa haciendo las tareas del hogar con sus hijos o comprando provisiones.
Su viaje también es menos aterrador. A Montoya, de 36 años, la han asaltado en autobuses tan a menudo que ha perdido la cuenta de cuántas veces, una queja frecuente de los residentes de esta zona.
“Solo me sentaba ahí, esperando a que se subieran al autobús”, dijo, refiriéndose a los ladrones.
Ahora ve las combis o los microbuses desde su transporte aéreo.
“Me imagino que siguen asaltando a la gente”, dijo, “pero ya no me afecta”.
A lo largo de los últimos doce años se han construido sistemas funiculares en distintas ciudades latinoamericanas, entre ellas Cali y Medellín en Colombia; Caracas en Venezuela; La Paz en Bolivia, y Río de Janeiro en Brasil. Hay planes para construir sistemas de este tipo en otra media decena de ciudades en la región, de acuerdo con Gondola Project, que lleva registro de los programas de teleféricos en todo el mundo.
El sistema de teleférico de Medellín, que comenzó a operar en 2004, ha ayudado a revitalizar algunos de los vecindarios más problemáticos de la ciudad; es parte de una renovación que incluye jardines, un museo y una biblioteca. En La Paz, el sistema inaugurado en 2014 ha unido a comunidades divididas por la raza y el estatus social.
Esos éxitos han aumentado las expectativas del poder transformador de los teleféricos, pero algunos expertos están preocupados de que se estén convirtiendo en un truco político.
Julio Dávila, profesor de políticas urbanas y desarrollo internacional de la University College London que ha estudiado los proyectos de teleférico en Colombia, dijo que no podía calcularse el beneficio social de vincular comunidades pobres a la vida económica de una ciudad.

A lo largo de la ruta, el gobierno ha pintado fachadas de rosa brillante, verde y malva, 
además de comisionar cerca de 50 enormes murales.
 “No se puede utilizar el análisis tradicional de costo-beneficio”, dijo. “Lo importante es dar acceso a los pobres y que se sientan incluidos en la ciudad”.
En Ecatepec, dijeron algunos residentes, el proyecto Mexicable ha traído un poco de progreso urbano. El gobierno municipal ha instalado nuevos faroles en las calles y ha pavimentado algunos caminos.
A lo largo de la ruta, el gobierno ha pintado fachadas de rosa brillante, verde y malva, además de comisionar cerca de 50 enormes murales: las fauces abiertas de un tiburón en un techo; un retrato de Frida Kahlo que pintó el artista neoyorquino de grafiti Alec Monopoly; un elefante parecido a Elmer esculpido por el artista oaxaqueño Fernando Andriacci; una chica sonriente cuyo rostro envuelve una de las estaciones de concreto del Mexicable.
Pero los residentes se mostraron escépticos acerca de que las iniciativas de mejorar el aspecto del municipio trajeran el tipo de renacimiento del que ha disfrutado Medellín.
Nelli Huerta, un ama de casa que estaba esperando un autobús en Tablas del Pozo —casi a medio camino de la ruta del Mexicable— con su hija de diez años, dijo que había usado el teleférico algunas veces pero prefería viajar por tierra firme. Mirando hacia arriba mientras los vagones colgantes pasaban, dijo que el gobierno debió haber gastado ese dinero mejor en servicios básicos.
“¿Cuántas personas en San Andrés no tienen agua, no tienen luz, no tienen caminos pavimentados?”, preguntó. Los murales que están a lo largo de la ruta del Mexicable son “bonitos”, dijo, como también lo son las casas recién pintadas. Pero, agregó, “tan solo están disfrazando el problema”.

“¿Cuántas personas en San Andrés no tienen agua, no tienen luz, no tienen caminos pavimentados?”.
Siempre escépticos del gobierno, los mexicanos recurrieron a las redes sociales para burlarse del proyecto cuando se inauguró y señalaron el pasto falso que se colocó temporalmente para cubrir una cancha de fútbol árida, así como a los francotiradores que se encontraban en los techos para proteger al presidente Enrique Peña Nieto cuando inauguró el teleférico en octubre.

Una de las estaciones del Mexicable de Ecatepec al amanecer. Algunos residentes sienten que el gobierno 
debió haber gastado el dinero que se utilizó en el sistema de teleférico para cubrir servicios básicos.
Joel Hernández, quien trabaja para el Movimiento Ciudadano por una Vida Digna, una organización comunitaria de izquierda con sede en el lugar, dijo que el gobierno debió haber gastado ese dinero en profesores y escuelas, una causa menos emocionante que tendría efectos mucho más duraderos en su comunidad.
“Cambiar las apariencias no es una prioridad”, dijo. “Pero mediante la educación de verdad pueden cambiarse las cosas”.
Algunos residentes señalaron que, sin tomar en cuenta los viajes matutinos y vespertinos, muchas cabinas estaban vacías o llevaban solo a un par de pasajeros. Paul Abed, director del Mexicable, dijo que el sistema transportaba en promedio a 18.000 pasajeros al día y esperaban alcanzar la cifra de 30.000. Otros municipios que forman parte del área metropolitana de Ciudad de México, entre ellos Naucalpan e Ixtapaluca, estaban considerando construir sistemas funiculares también, dijo.
Fernando Páez, director de los sistemas integrados de transporte del Instituto de Recursos Mundiales en Ciudad de México, señaló que el éxito de Mexicable dependería de planes para conectarlo con un sistema de autobuses de tránsito rápido que, a su vez, se conectaría con el metro. Por el momento, los pasajeros tienen que pasar a un servicio temporal de autobuses.
“Resolverá los problemas de transporte de una población”, dijo. “Pero necesita conectarse con el metro”.
Por ahora, tan solo estar conectado al centro de Ecatepec es un gran cambio, dijeron algunos residentes. Y, por primera vez, visitantes de toda Ciudad de México han venido para echar un vistazo a su vecindario. Cerca de un cuarto de millón de personas —muchos ajenos al municipio— utilizaron el sistema durante la primera semana, cuando era gratuito y todavía una novedad.
Blanca Estela Rosas, quien utiliza el Mexicable cada día para llevarle el almuerzo a su esposo desde San Andrés hasta su taller en Tablas del Pozo, se sorprendió de ver que la gente visitaba su comunidad.
“Creímos que estas cosas eran para lugares bonitos con montañas”, dijo sobre el teleférico.
“Aquí no hay paisajes hermosos”, agregó. “Pero ahora estamos en el mapa”.

Fuente: New York Times

jueves, 29 de diciembre de 2016

Transiberiano, la gran aventura sobre rieles

Crónica a bordo del mítico tren ruso, desde Moscú hasta Beijing, cruzando Siberia y Mongolia.
Será que el verano es corto y las noches cálidas, como esta de principios de agosto. No son muchas a lo largo del año. Pero lo cierto es que las noches de verano en Moscú son un placer. Todo el mundo parece de ánimo para salir, caminar, disfrutar, beber, divertirse.

Moscú en primavera
Por eso esta recorrida por la capital de Rusia es un encanto. El hotel Ucrania, uno de los siete edificios “mellizos” construidos por Stalin en la década de 1950, el Monasterio de las Doncellas, el imponente Parque de la Victoria, en el que decenas de chicos juegan al fútbol o andan en skate aunque sean más de las 10 de la noche.
Y, sobre todo, la Plaza Manezhnaya, donde un gran reloj marcas los días, horas y minutos que faltan para el Mundial Rusia 2018. Y pasando las puertas Voskresenky, la inigualable Plaza Roja, esa enorme explanada de adoquines históricos por los que desfiló buena parte de la historia del siglo XX, y en los que ahora cientos de personas caminan, se sientan, se sacan fotos y más fotos, con las murallas de Kremlin, el mausoleo de Lenin o la basílica de San Basilio. Sí, las noches de verano en Moscú son un placer.

El largo recorrido del Transmongoliano.
Pero la ciudad –visita al kremlin incluida– esta vez no es más que una breve introducción a nuestro verdadero viaje, uno de esos que suelen calificarse como “de una vez en la vida”, aunque una vez terminado más de uno prometa volver. Venimos para subirnos a un viaje mítico, de los que se sueñan por años: el Transiberiano, la línea férrea más larga del mundo, y también la más famosa.

Variedad de paisajes en más de 9000 kilómetros.
Un viaje que arranca en Moscú y, en su trazado original, termina en Vladivostok, a orillas del océano Pacífico, 9.288 kilómetros más allá de haber comenzado y luego de atravesar ciudades, pueblos, montañas, ríos legendarios, bosques, taigas, estepas de cosacos y mongoles, en dos continentes.
Aunque en este viaje no iremos a Vladivostok sino que tomaremos una variante: el Transmongoliano, que luego de pasar el lago Baikal, gira hacia el sur para cruzar Mongolia y llegar a Beijing, capital de China.
El Transiberiano, en realidad, es mucho más que un ferrocarril: es una especie de columna vertebral que hizo posible que esa enormidad llamada Rusia sea un solo país. Y es, también, una suerte de esencia, de lanza que penetra en la carne de la Rusia profunda, tan zarista como soviética. Un viaje sin destino, porque el destino es el viaje mismo.

Km 0. Moscú

La estación Yaroslavsky, el KM 0 de Moscú
 “Vladivostok, 13.20”, anuncia el cartel en el andén 1 de la estación Yaroslavsky. A pocos metros, el primer vagón. Faltan menos de 15 minutos pero nadie quiere subir. Vamos y venimos por el andén mirando, sacando fotos, como si buscáramos que la realidad nos entre por la piel: sí, finalmente estamos aquí, a punto de abordar ese mítico tren. “Vamos, que estamos por salir”, anuncian entre risas nerviosas Elena y Lina, las responsables del vagón 33.

El tren a punto de partir de la estación Yaroslavksy.
Es que en cada uno de los 5 vagones de pasajeros de este Gran Transiberiano Express (se va desenganchando y enganchando del tren común de pasajeros, en los distintos destinos turísticos del itinerario) hay dos encargados de que no falte nada y siempre dispuestos a convidarnos agua, café o té. Y además hay cocineros, camareros, el jefe y el director del tren con su equipo, mecánicos, maquinistas... Mucho personal para atender a unos 80 pasajeros, que en este viaje llegamos de Argentina, España, Brasil, Italia, República Dominicana, Serbia.

Mozos en el vagón comedor.
Pero volvamos a Yaroslavsky. Son las 13.16 cuando pongo mi primer pie en el tren, y lo primero que me impacta es ... ¡el calor! Hace 30 grados en Moscú y el tren estuvo varias horas parado bajo el sol. Aunque en cada camarote nos espera un champán bien frío, listo para brindar. A las 13.20 exactas, un chirrido y un leve sacudón anuncian: ¡se mueve! Estamos viajando en el Transiberiano.

Km 30. Afueras de Moscú

Lleva poco acostumbrarse a la vida a bordo. Apenas arrancamos, anuncian: el almuerzo está servido. Ensaladas y pescados de entrada, luego pollo relleno con puré y, de postre, cheesecake. Pensada para comensales de múltiples orígenes, la gastronomía sobre rieles no depara grandes sorpresas, y sí suma toques locales como pepino, repollo y remolacha, tres sabores que nunca deben faltar en una comida rusa.

Sabores internacionales con toques locales.
Un rato de siesta –el bamboleo invita a dormir– y de vuelta al comedor: a las 16 es la presentación oficial del tren, a cargo de Eugenia, una de nuestras guías coordinadoras, que habla un perfecto español. Nos cuenta que en este primer día vamos “enganchados” al tren N° 2 que hace Moscú–Vladivostok en 8 días, que cada día tendremos por escrito el programa de actividades y que esta noche deberemos adelantar el reloj: de pronto serán dos horas más y, “así que habrá menos tiempo para dormir”, advierte.

La mesa lista para el desayuno a bordo.
Después, nuestra guía coordinadora, Liudmila Kosareva (Mila), que es de San Petersburgo y hace el viaje por primera vez, da una clase básica de ruso, para aprender el alfabeto (el cirílico, con letras bien diferentes a las nuestras) y algunas expresiones básicas: da (sí), niet (no), priviet (hola), spasibo (gracias), y así. De paso, nos vamos conociendo entre los pasajeros. Están, por ejemplo, Armando y Alejandra, que son de Bariloche y viajan con su hijo Eugenio, de veintitantos, y Alejandro, amigo de la familia y futuro compañero en noches de truco.

Vestimenta tradicional del staff del tren.
O José Alonso, un asturiano que conoce el mundo como pocos y es capaz de contar de memoria cómo son los aeropuertos más remotos o las aerolíneas más ignotas, y a lo largo del viaje sacará ... no sé, ¿miles?, ¿millones? de fotos, de cada rostro, de cada detalle. O Antonia y Américo, una pareja de dominicanos que son amables y dulces como la caña de azúcar.

Camarote de alta gama.
La estructura de las jornadas de tren es similar: desayuno, almuerzo y cena son los puntos de referencia; en los intermedios, alguna clase o tiempo libre para charlar, caminar los vagones o la actividad preferida: mirar, tratar de fijar en las retinas el paisaje siberiano, la taiga con bosques de abedules y alerces, la fuerza de los ríos, las casas de madera con invernaderos y cultivos, los cientos de trenes que van, vienen o duermen en alguna playa de maniobras.
Otro rato de relax y la cena, mientras hacemos la primera parada: 15 minutos en Nizhny Novgorod. Después, Sergei nos sirve unos vodkas y nos quedamos estudiando grandes mapas de Rusia en el vagón comedor de Primera Clase, mientras la pianista Liudmila Petrakova interpreta unos clásicos.

Vías legendarias
Nos sentimos como en un crucero de lujo, sólo que por las ventanillas no se ve el mar sino bosques y más bosques. Estamos entrando en la taiga o bosque boreal que caracteriza a Siberia, este inmenso territorio de 13,1 millones de km2, equivalente a casi cinco veces la superficie de la Argentina. Adelantamos el reloj y las 22.40 se hacen las 0.40 del día siguiente. Hora de dormir, en algún punto de la llanura entre Kazán y Ekaterimburgo.

Km 1.816. Ekaterimburgo

No podría saltear el primer desayuno, uno de los grandes momentos del viaje: mesas decoradas con flores, frutas, jugos, café y el infaltable chai (té), que los rusos toman casi tanto como los chinos. Un gran momento en el que llegué a amar el dobri dien (“buen día”) con el que la simpatiquísima camarera Nina me saludaba cada día.

En Ekaterimburgo, la iglesia Sobre la Sangre, en el lugar donde mataron al último zar de Rusia, Nicolás II, y su familia.
Lunes, 18 hs: casi 27 horas después de haber partido de Moscú, el tren se detiene en la estación de Ekaterimburgo, al pie de los montes Urales y a poco de haber entrado en Asia. Vamos al hotel –Doubletree by Hilton, los hoteles son todos de primer nivel– y partimos rápido a caminar, con el sol del atardecer tiñendo de amarillo el impresionante palacio municipal, un estilo ecléctico que en la URSS solían llamar “estilo triunfo de Stalin”.
Al otro día nos recibe la guía Daria Arjipova, que resume toda la belleza de la mujer rusa –rubia, alta, ojos claros– y nos guía en una visita que es algo así como un homenaje a los últimos Romanov, porque aquí es donde asesinaron al último zar de Rusia, Nicolás II, junto a toda su familia, en 1918, luego de la revolución bolchevique.


Allí donde estaba la casa en la que fueron ejecutados se construyó la monumental Iglesia sobre la sangre, que se convirtió en sitio de peregrinación. Y en la mina abandonada en la que arrojaron los cuerpos se erigió un gran monasterio: Gánina Yama, donde se puede ver el pozo en que se ocultaron entonces los cadáveres, ahora rodeado de cúpulas doradas que resplandecen entre los abedules.
Otra parada inevitable es en el monumento que marca la imaginaria línea que divide Europa y Asia, con las obligatorias fotos: un pie aquí y el otro allá.

Aquí fueron arrojados los cadáveres del último zar y su familia. Hoy es el monasterio Ganina Yama.
A las 19 pita la locomotora y los hierros se desperezan. Partimos de Ekaterimburgo en un caluroso atardecer, y la temperatura asciende aún más al rato: después de cenar es “noche de vodka” en el tren, y salen todos los que uno quiera (o pueda), el “normal”, de pimientos, de miel, de frutos rojos ... El sueño no tarda en llegar, aunque algunos lo resistimos con un desafío al truco. ¡Quiero vale cuatro!

Km 3.335. Novosibirsk

Muchas veces leí sobre los tres grandes ríos de Siberia, pensando cómo sería estar allí. Y lo primero que me impacta de Novosibirsk, la tercera ciudad más grande Rusia es el anchísimo Obi, uno de esos “tres grandes”.

La enorme estación de trenes de Novosibirsk.
Detrás, como línea del horizonte, la arquitectura soviética a pleno: enormes edificios, muchos de ellos de estilo constructivista, famoso en la arquitectura soviética de los 50 y 60. Después, la inmensa estación Novosibirsk Glavny. Inaugurada en 1894, es uno de los principales nudos ferroviarios de Siberia, por donde pasan los productos agrícolas que llegan del sur, y el gas y el petróleo del norte.

Navegando el río Ob.
Este segundo tramo de tren fue más corto: apenas 18 horitas que se pasaron volando. Son poco más de las 3 de la tarde y el sol pega fuerte, así que hay que ponerse sombrero para este primer tour por la ciudad cuando bajamos del bus en el monumento a Alejandro III, el zar que impulsó la construcción del Transiberiano.
Por allí, bajando las escalinatas rumbo al Obi, nos cruzamos con Sergei y Lena, que se acaban de casar y van a sacarse fotos a orillas del río, justo bajo los restos del antiguo puente del Transiberiano (de 1897), que se conservó como memoria luego de la construcción de uno nuevo, a pocos metros, en 2002.

En Novosibirsk, la plaza Lenin y Teatro de Opera y ballet.
Y después vemos a Lenin. Un impresionante Lenin que invita a mirar al futuro con su paltó (sobretodo) agitado por el viento y rodeado por símbolos soviéticos: un obrero, un soldado, una campesina. Es la plaza Lenin, al fondo de la cual está el enorme Teatro de Ópera y Ballet, más grande incluso que el Bolshoi de Moscú.
Novosibirsk tiene también la mayor biblioteca de Siberia, es otro dato que nos da nuestra guía, María, que habla un perfecto español con tonada colombiana, “culpa” de su esposo Jorge, nacido en tierras caribeñas.

Novosibirsk y el ancho río Ob.
En esta ciudad se nota más que en ninguna otra la impronta soviética, aquella visión de “patria grande”, poderosa, potencia mundial. Con casi dos millones de habitantes, es la principal urbe de Siberia, y en una breve navegación por el Obi en un barco turístico, vemos varias de esas grandes fábricas “al viejo estilo”, de las muchas que pueblan la ciudad, polo industrial de la URSS.
El verano en Siberia es corto, “tan corto que no debes perder este día”, dicen aquí. Apenas julio y agosto. En septiembre vuelve el fresco y normalmente en octubre ya nieva y el termómetro desciende a varios grados bajo cero. En diciembre o enero, es normal que esté en -30° o -35°. “Por eso nos gusta salir en verano a caminar o tomar algo en remera, sin patinar en el hielo”, me cuenta Jorge, el marido de María, mientras tomamos unos tragos en Ruby Wine Bar, con una banda que rockea en vivo. Es miércoles, pero la noche es cálida, así que hay que salir.

La iconografía soviética acompaña durante todo el viaje.
Al otro día recorremos los 31 km hasta Akademgorodok, una ciudad científica soviética que comenzó a construirse en 1957 en medio de un bosque. Llegó a alojar a 65.000 científicos con sus familias y, además de los centros de investigación, tiene un genial museo ferroviario, con decenas de locomotoras y vagones –algunos de ellos ilustres–, en un país que, en 1960, transportaba casi la mitad de toda la carga de ferrocarriles del mundo. Y hablando de ferrocarriles, cena rápida en el hotel Alimut y de vuelta a la estación: a las 20.42, puntual como siempre, nuevamente sobre rieles.

Km 4.098. Krasnoyarsk

Un trayecto corto, que apenas llega a las 12 horas. Son las 8 am cuando bajamos al andén de Krasnoyarsk, aunque el reloj de la estación marca las 4. No, no atrasa; sucede que el Transiberiano se maneja siempre con la hora de Moscú. En cualquier lugar de Rusia, todo horario que refiera al tren está en hora moscovita. Es la solución que encontraron para un tren que atraviesa 6 husos horarios en el mismo país.

El grupo folcklórico de Krasnoyarsk y clásicos de la música rusa.
Una visita rápida a la ciudad nos muestra primero lo que parece estar en el centro de la escena en toda ciudad rusa: el teatro y la biblioteca. Y una estatua con el símbolo local, un león con una pala en la mano. “Es que nuestro suelo es muy rico en minerales, especialmente cobalto”, explica Lidia Efremova mientras caminamos a las orillas del Yenisei, el río más largo de Rusia –sí, otro de los tres grandes–, que nace al sur, en los montes de la república de Tuvá, y va a parar al océano Glacial Ártico.
Pero lo mejor está en las colinas al otro lado del río, donde el grupo folklórico de Krasnoyarsk nos espera con una selección de clásicos como Katyusha, esa especie de “himno” soviético de tiempos de la Segunda Guerra. Un acordeón, siete mujeres de más de 70 años y una chiquita de 6, Katya, nos invitan a bailar y beber: el vodka viene siempre acompañado de pepinillos. Poco más allá, en la cima de la colina, está la pequeña capilla de Paraskeva Piatnitsa, una torre hexagonal cuya imagen aparece en el billete de 10 rublos, igual que el puente Kommunalniy y la central hidroeléctrica, orgullos de Krasnoysarsk.

El tren pasa por seis husos horarios y paisajes diferentes y deslumbrantes.
Puntual. A las 12.47 partimos y apenas el tren empieza a moverse, el paisaje cambia: más montañas, bosques más tupidos. El sol que nos acompañaba por la llanura ahora aparece y desaparece tras las colinas, y a ambos lados de las vías se suceden pequeños pueblos y casas, todas con su huerta, sus flores y girasoles que colorean el paisaje. Como dijimos, el calor dura poco, y por eso todo el mundo decora con flores y colores. Ríos, arroyos, bosques; la potencia de la naturaleza siberiana se hace sentir más fuerte aquí y obliga a callar, a admirar.

Km 5.185. Irkutsk

“Estamos otra vez en otro lugar”, dice Mila levantando el cartel con el número 2, que identifica a nuestro grupo, y me parece un gran resumen del viaje: todo el tiempo en otro lugar.

Estación de Irkutsk.
Natalia es la única guía de habla rusa –bueno, que no habla español– de todo el recorrido, así que Mila tendrá doble tarea en Irkutsk, hermosa ciudad que nació como parada en el comercio de pieles con los buriatos, y en la que luego se establecieron los cosacos y creció por el comercio con China, exportando pieles de marta cibelina e importando seda y té. No casualmente “té”, en ruso, se dice igual que en chino: chai.
Y luego llegaron los decembristas: artistas, oficiales y aristócratas que participaron en la rebelión contra el zar Nicolás I en diciembre de 1826 y fueron deportados. El famoso “los mandaron a Siberia” es aquí (entre otros lugares de este enorme territorio). Por ellos –algunos llegaron con sus familias– Irkutsk se convirtió en un centro intelectual, social y cultural. Su herencia está, por ejemplo, en esas casas de madera con tallados a mano.

Una de las tradicionales casas de madera que hacen de Irkustk una hermosa ciudad.
Hay tiempo para caminar más de una vez la avenida Lenin, surcada por antiguos tranvías; para sentarse en la plaza Kirov, donde este atardecer hay bandas que tocan en vivo y chicos jugando en la fuente; para tomar algo en un bar del barrio “130”, repleto de cafés y restaurantes –los casi 80 mil estudiantes activan la vida nocturna de la ciudad–; o para visitar el monumento al cosaco fundador, a orillas del río Angara.

El tren y el lago Baikal
Luego visitamos el mítico lago Baikal y volvemos al tren cuando empieza a caer la tarde, para la parte más pintoresca del recorrido.
Aprovecho para presentarles a Alina, una ucraniana-argentina de 85 años que vino desde Río Colorado junto con su hija Graciela para conocer la tierra en la que, en aquellos años de plomo de la URSS, desterraron a una prima que vivía en Ucrania, y de la que hace años no tiene noticias. Me lo cuenta mientras, desde el pasillo del tren, vemos pasar un barco que deja una interminable estela en lago-espejo que refleja tanto las nubes que logra confundir el cielo con la tierra y esconder la línea del horizonte.
En el km 5.310 el Transiberiano se encuentra con el Baikal, un lago sagrado para los rusos, que adoran hacer picnics en sus orillas, nadar, navegar o caminar en los bosques de los alrededores. “En Rusia decimos que nadie vuelve igual de un paso por el Baikal”, dice nuestra guía, Mila. El serpenteo de las vías por la costa sur del lago, entre túneles y puentes, es uno de los tramos más deliciosos del viaje, que se corona cuando, con el sol cayendo sobre el horizonte, el tren se detiene a orillas de una bahía. Mientras los cocineros encienden el fuego al aire libre y ponen carne, pescado –el omul es el típico del lago– y vegetales a la parrilla, los pasajeros disfrutan de un chapuzón en el lago más profundo del mundo. Todo termina con vodka, música y baile al caer la noche.

Asado a la rusa a orillas del lago.
Km 5.642. Ulán-Udé

Si nunca oyó hablar de la República de Buriatia, esta es su oportunidad. Bueno, no de oír el nombre sino de conocer su capital, Ulán Udé. Triple sorpresa: primero porque nuestro guía, Suleimán, es cubano –aunque con 30 años aquí ia soy un buriato más, comenta–; segundo, por esa tremenda estatua-homenaje a Lenin: el curioso récord de ser la cabeza del líder más grande del mundo, con 7 metros de altura. Y tercero, por la hermosa ciudad, en plena actividad y con una nueva peatonal llena de negocios y decorada con estatuas de comerciantes: por aquí pasaba la célebre Ruta de la Seda.

El paisaje urbano de Ulán Udé.
Buriatia tiene aproximadamente un millón de habitantes, y el 60% de ellos vive en la capital, de la que enseguida partimos para visitar, en las afueras y entre montañas, el pueblo de los Viejos Creyentes, creado por aquellos religiosos que no aceptaron las reformas de la iglesia ortodoxa de 1654 y fueron perseguidos. A muchos los enviaron hasta aquí desde Moscú ... ¡a pie! Miles murieron en el camino, pero los que llegaron conservaron sus tradiciones: hablan ruso antiguo, se visten de manera tradicional y mantienen su vieja liturgia ortodoxa, en una zona que solía ser chamanista y ahora es mayoritariamente budista. Y reciben a turistas, como a nosotros hoy, con un almuerzo casero y una demostración de su música y costumbres.

La cabeza de Lenin tiene, en esta estatua, siete metros de altura.
Km 6.304. Ulán Bator

En el km 5.655 el recorrido se divide: hacia el este continúa la ruta principal, que lleva a Vladivostok pasando por Chitá y Jabarovsk; y también la del Transmanchuriano, que en Chitá se desvía para cruzar a China y seguir hasta Beijing. Nosotros, en cambio, tomamos la “tercera vía”: hacia el sur, camino a la frontera ruso-mongola, que cruzamos a medianoche. 
En la película “La historia del camello que llora”, dos niños de una familia nómada viajan a través del desierto de Gobi en busca de un músico, para que toque su morin khuur (violín típico de Mongolia) y calme a la mamá camello para que ya no rechace a su cría. Ahora no estamos en el Gobi sino en el Parque Nacional Terelj, y no hay camellos pero sí yaks, los célebres caballos mongoles, y un violinista que acaricia su morin khuur para hipnotizarnos con un canto gutural (Ver “Canto. gutural ...”).

Escenas de Mongolia
Un día de campo en Terelj –bellísimo parque nacional que invita a alojarse en esas tradicionales viviendas redondas de fieltro llamadas yurtas, adaptadas para turistas– nos acerca a la esencia de Mongolia, interminables praderas y grandes montañas, donde miles de personas aún son nómades y viven arreando sus rebaños de yaks, cabras, ovejas, vacas. Incluso muchos que se mudan a la capital, Ulán Bator, no se adaptan a las viviendas de ladrillo y arman su yurta –o ger, como se dice en mongol–, en los patios de las casas.
Hasta el héroe nacional, Gengis Khan, parece reposar en un ger, sentado en la galería del enorme edificio del Parlamento de la plaza central de Ulán Bator, una ciudad moderna, con grandes tiendas, calles comerciales de mucho movimiento, edificios en construcción por todas partes y un tránsito bastante endemoniado.

En Ulan Bator, la plaza central y el edificio del Parlamento.
Aquí hay que elegir. Se puede seguir el viaje en tren para cruzar el desierto de Gobi y entrar en China, o pegar un salto en avión para aterrizar en Beijing en dos horas y aprovechar más el tiempo allí. Así que vamos todos al aeropuerto de Ulán Bator, excepto Rita y José Carlos, dos brasileños que tomarán otro tren –China no permite el ingreso del tren ruso– y viajarán casi 30 horas hasta la capital china.

En el Parque Nacional Terelj se puede dormir en tradicionales yurtas -gek, en mongol- adaptadas para el turismo.
Última parada. Beijing

Llegamos de noche a la capital china, y lo primero que comprobamos es que en agosto hace un calor de perros. No importa. Apenas tocamos el impecable hotel Renaissance, salimos: a una cuadra entramos a un hutong, esos angostos callejones del casco antiguo, algunos de los cuales se empezaron a construir en el siglo XIII y varios se demolieron para los Juegos Olímpicos de 2008. Luego se dieron cuenta de que son una atracción turística y decidieron conservarlos y restaurarlos.

El Templo del Cielo, en Beijing.
Lo cierto es que, con un calor pegajoso y entre autos desvencijados, tachos de basura y viejas bicis medio oxidadas, tratamos de hacernos entender para comer algo: imposible. Ni yes, ni no, ni nada: bienvenidos a China.
Nuestro guía se llama Marcos, habla muy bien español y le gusta hacer chistes, así que así vamos, enfrascados en un tránsito caótico que hace que cualquier trayecto en la ciudad demande dos o tres veces más de lo que diría la lógica. Si Beijing era una ciudad de bicicletas, el boom económico la hizo involucionar, y ahora todos andan en auto.

La Ciudad Prohibida de Beijing.
Además de hacer calor, en Beijing en agosto hay mucha, pero mucha gente (en vacaciones de verano, millones de chinos de todo el país viajan a la capital). Y así de lleno está el maravilloso Templo del Cielo, que se erige aquí desde 1420 y donde cada primavera se ora por las cosechas y cada otoño se agradece por los frutos. Y ni hablar de la Ciudad Prohibida, ese fantástico conjunto de palacios que fue sede imperial desde el siglo XV y hoy es un gran complejo de museos en el que miles de personas caminan y caminan: es poco más de 1,5 km si se entra por un lado y se sale por el otro.
¿Cuánto diría que puede demorar para hacer 80 km por una moderna autopista de varios carriles? arriesgue ... ¡perdió! Hoy, de Beijing a la Puerta de Badaling, uno de los accesos más comunes a la Gran Muralla, tardamos ¡4 horas y media! Debe ser un récord. También aquí hay mucha gente, pero ya no importa: el lugar es demasiado impactante. Y Marcos nos ilustra: “a la derecha el recorrido es más fácil pero hay más gente; a la izquierda, es más empinado pero con menos gente”. ¡A la izquierda entonces!

La increíble Muralla China.
Es cierto: cuando llegamos a la última torre –la muralla sigue, pero hay un guardia y más allá no nos deja ir– nos damos vuelta y descubrimos que estamos solos, excepto por un hombre vestido de anaranjado que vacía los cestos de residuos con verdadera paciencia oriental.
Entonces, mientras busco en vano las palabras para describir la sensación de caminar sobre esta mole que comenzó a construirse hace más de 2.000 años, y que serpentea como una víbora sobre las cimas de las colinas, pienso que probablemente no haya mejor lugar para terminar este gran viaje. Y en eso alguien, mirando cómo la muralla sigue y sigue hasta donde alcanza la vista, lanza una pregunta que queda flotando: ¿no se parece a un larguísimo tren?

La Gran Muralla serpentea por las colinas.
COMO ES

El “Gran Transiberiano Express” es un tren turístico de alta gama con camarotes en tres categorías –Standard, Silver y Gold–, dos vagones comedor, cocina a bordo, todas las comidas incluidas, guías según el idioma de cada grupo y excursiones en distintas ciudades, con guías locales incluidos. Son entre 5 y 7 vagones adaptados para el turismo, que van “enganchados” al tren común, de pasajeros. Se “desenganchan” al llegar a la ciudad que se visite y más tarde, o al otro día, vuelven a engancharse a otro tren para seguir viaje. Quizás se entienda mejor con el ejemplo de un viaje “modo crucero”: con camarotes, comidas en conjunto y paradas con excursiones en distintas ciudades. Es, claro, más caro que el tren común, pero incluye todas las comidas, alojamientos y guías, algo no menor en Rusia, donde si no se habla el idioma hasta el trámite más simple puede resultar complejo. Así, este “all inclusive” sobre rieles hace todo mucho más fácil y permite concentrarse en lo importante: disfrutar del viaje.

MINIGUÍA

Cómo llegar

Por Emirates, ida a Moscú y vuelta desde Beijing, con escalas en Dubai, desde $ 18.721, impuestos incluidos (emirates.com).

Cuánto cuesta

​Tarifas del Gran Transiberiano Express 2017, en euros: en Standard Economy, 4.870 con cuatro pasajeros por cabina y 5.870 con tres pasajeros. En Standard Plus, 6.990; en Deluxe Silver, 10.990 y en Deluxe Gold, 13.170.

Imagen de Buda ante el templo Gadan, en Ulan Bator.
Salidas 2017

De Moscú a Beijing: 3 de junio, 1 de julio, 5 de agosto y 2 de septiembre. Desde Beijing hasta Moscú: 8 de junio, 6 de julio, 10 de agosto y 7 de septiembre.

Visas

​Los argentinos no necesitan visa para ingresar a Rusia pero sí para China (se saca en la embajada china en Buenos Aires, cuesta $ 520) y para Mongolia (se tramita desde el tren y cuesta 110 euros o US$ 120).

Huso horario

​A lo largo del viaje se atraviesan seis husos horarios. Desde las +6 hs de Moscú (respecto de Buenos Aires) hasta las +12 de Irkutsk.

Clima y vestimenta

​El viaje se hace en primavera y verano, con temperaturas promedio de 28° de día y unos 15° por la noche. Se recomienda ropa liviana y cómoda para las caminatas, un abrigo ligero para las noches y paraguas o impermeable.

Equipaje

​Se recomienda llevar una valija de tamaño medio y blanda (no rígida), porque se ajusta mejor bajo la cama o en el armario del camarote.


Duchas Las cabinas Silver y Gold con baño privado incluyen ducha; en las standard hay dos baños por vagón, sin ducha. Las duchas son en los hoteles, pero en ningún caso pasa más de un día y medio sin una ducha disponible.

Propinas

​Como en los cruceros, existen propinas sugeridas. Para todo el viaje calcule un total de aproximadamente 200 euros, 80 para choferes y guías de las ciudades y 120 para el personal del tren.

Dónde informarse

Essential Travel: 4321-1080
trenes@essentialtravel.tur.ar
​www.essentialtravel.tur.ar