sábado, 31 de enero de 2009

El soñador

Este cuento fue publicado en la antología INTER-RED: El proyecto literario del nuevo milenio, Editorial Red literaria1999, Bs. As., Argentina. Es de mi autoría.

Ansias de libertad, diversión pero fantasía por sobre todas las cosas son las cualidades justas que nos permiten tener un perfil de la personalidad de un joven con ideas poco comunes para los tiempos descarnados que estamos viviendo. Su refinado gusto por la literatura lo llevó a explorar todos sus géneros sin llegar a definir con certeza un autor que lo emocione y lo transporte a un mundo cautivante. Viajar y conocer otras culturas, sus costumbres, su historia, lo atraían tanto como los viajes envueltos en aventuras fascinantes, plagadas de misterio y personajes interesantes. En su biblioteca se podían encontrar libros de Borges, Bukowski, García Márquez, Kafka, Dalmiro Sáenz, Neruda, Nietzsche y muchos otros que no le provocaban esa hermosa sensación, esa ansiedad de dejarse seducir por una historia atrapante que lo alejara por un momento de lo absurdo, irracional y contradictorio que lo rodeaba a diario. Recorrió la avenida Corrientes buscando autores del siglo pasado comprometidos con la literatura de aventuras. Ingresó en una librería, pidió orientación y se dirigió al sector indicado donde descubrió a Robert Stevenson, Emilio Salgari, Julio Verne, Charles Dickens, James Ballard y muchísimos otros en quienes jamás se detuvo.
Tomó dos; La isla del tesoro y Sandokán pero el vendedor le sugirió que compre La isla misteriosa y Veinte mil leguas de viaje submarino, "no te vas a arrepentir, te lo aseguro, son muy interesantes" le dijo a modo de comentario. Sin dudar de las palabras del empleado, que hablaba con la seguridad de un erudito, se llevó los de Julio Verne. Fascinado quedó al leer Veinte mil leguas de viaje submarino con las ideas y la habilidad del Capitán Nemo. Su imaginación se extendió a punto tal que la curiosidad lo llevó a adquirir la película basada en el libro; la misma le fue vendida con el afiche publicitario del film el cual pegó en el interior del placard en su habitación. Llegada la noche se sirvió un aperitivo bien helado y se recostó cómodamente en su cama a ver que tan buena resultó la historia llevada al cine. En un momento determinado, cuando el Capitán Nemo le propone a Aronnax realizar una excursión por el fondo del mar, se abre la puerta del placard. Llama la atención la tranquilidad con la que el joven se levantó para cerrarla pero algo le pareció extraño; el frío que salía del interior del mueble y el sonido del oleaje le pareció oírlo en estéreo. Instintivamente bajó el volumen del televisor y la película quedó sin sonido pero el oleaje continuaba, se aproximó al placard y sintió un frío terrible pero no se asustó; se acercó un poco más y el movimiento del mar lo salpicó. Lentamente fue estirando su brazo hasta tocar el afiche. El viento que en fracción de segundos se transformó en un poderoso tornado, lo atrapó en forma instantánea y lo llevó rápidamente a las profundidades del océano Atlántico. La falta de oxígeno lo condujo velozmente a una nave que se encontraba a metros del lugar al cuál había arribado transportado por una fuerza extraña. A bordo de la nave, unos hombres lo vistieron de buzo y lo lanzaron nuevamente al agua. La oscuridad era total, no sentía miedo, estaba desorientado, un tanto preocupado pero su excitación pudo más que cualquier otra sensación y se encaminó hacia ninguna parte. A lo lejos observó una luz y otro buzo que con ademanes lo llamaba. Pocos minutos tardó en llegar al lugar y ambos se dirigieron hacia una montaña; como hecha por el hombre, apareció ante ellos una cueva. Luces de varios colores provenían de su interior, peces de todos los tamaños y todas las formas salían por la abertura. Todo esto dejó inmóvil al joven, quién vanamente trató de buscar una respuesta de su compañero sin encontrarlo ya a su lado. Se quedó unos minutos contemplando tan hermoso espectáculo e ingresó rápidamente a la cueva; con paso lento fue caminando entre peces de colores, vegetación y rocas hacia otro buzo quién -linterna en mano- lo fue guiando hasta dar por concluida la excursión abruptamente. Sin que pudiera decirle algo mediante señas, el buzo desapareció; el joven deambuló unos minutos más y luego regresó. A duras penas llegó a la nave que no tenía rastro alguno de haber sido visitada pero de repente se abrió la puerta inferior y el joven subió. En medio de la oscuridad le quitaron los tubos de oxígeno, el traje de buzo y lo lanzaron al agua. Se produjo un extraño fenómeno y la fuerza del agua lo lanzó, por intermedio del afiche, a su habitación. Se incorporó y se arrimó al placard, abrió la puerta pero ya no sentía frío ni sonido de olas ni fue salpicado, tocó el afiche y comprobó que era simplemente un papel con fotos y letras.
Sobre la cama halló una linterna mojada y una nota que decía lo siguiente: "estuviste en el Nautilus con el mítico Capitán Nemo, ¿que te pareció, no fue una aventura interesante?. Está amaneciendo y la película no terminó. Espero verte eligiendo nuevas aventuras". Miró el televisor y se llevó una sorpresa; los títulos del final se interrumpieron y claramente se pudo leer "... la imaginación no tiene límites, sólo limítate a concentrarte y serás el soñador que más imaginación tenga en este mundo..."