viernes, 29 de junio de 2012

El centinela de Cabo Vírgenes

Es el punto más austral del territorio continental de la Argentina. Allí, en esa tierra inhóspita, un faro monta guardia de cara a las aguas siempre bravas del Estrecho de Magallanes. Y allí, también, nace la Ruta Nacional 40, la más legendaria del país.

Texto y fotos: Carlos W. Albertoni 

Por una escalera en espiral se llega hasta lo más alto del faro, desde donde puede verse casi toda la entrada al estrecho de Magallanes. El sol sesgado de la mañana exalta la geografía, enciende de tonos amarillos las costas que orillan esas aguas tempestuosas en donde cientos de barcos han naufragado a lo largo de los siglos. Mientras mira el mar, José recuerda haber soñado hacia el alba, apenas antes de despertarse, con cuatro o cinco carabelas de mástiles altos y velas blancas infladas por el viento. Decenas de veces le han contado que ese estrecho fue descubierto hace casi quinientos años por el marino portugués Hernando de Magallanes, por lo que sospecha que las naves de su sueño sean, tal vez, las de aquel lejano descubrimiento. La historia refiere que el navegante europeo llegó hasta esas aguas el 21 de octubre de 1521, el día de las once mil vírgenes según la mitología católica, por lo que se decidió bautizar con el nombre de cabo Vírgenes al tramo de tierras que se adentraba en el mar justo a la entrada del estrecho. Allí, en ese lugar inhóspito, se fundó poco tiempo después la colonia de Nombre de Jesús, que fuera la primera población española en suelo patagónico y cuyos habitantes perecieron casi en su totalidad por el hambre y el abandono. Según detallan ciertos relatos con tono de leyenda, apenas uno de aquellos pobladores logró ser rescatado con vida de la tragedia. Sin embargo, tras ser embarcado en una nave inglesa para ser regresado a Europa, el sobreviviente murió imprevistamente en alta mar llevándose consigo las únicas memorias de la infausta colonia. Desvanecido el recuerdo del sueño de las carabelas, José mira una vez más al océano y baja sin premuras las escaleras del faro. En servicio desde abril de 1904, ese faro de 26 metros de alto marca la última presencia argentina en territorio continental. Allí, en el cabo Vírgenes, las cartografías ubican el punto más austral del suelo continental de la Argentina ya que más hacia el sur, atravesando el estrecho de Magallanes, el país extiende sus dominios sólo a nivel insular, ocupando la parte oriental del archipiélago de Tierra del Fuego. Por eso, en ese lugar tan distante, en donde los patriotismos siempre se agigantan, José se siente un inconmovible centinela de la soberanía. 

Rutas y pingüinos

José Alfonso es uno de los seis fareros del cabo Vírgenes. Nacido en Misiones, hace dos años que trabaja aquí y alterna con sus compañeros turnos de 21 días ininterrumpidos en los que realiza regulares tareas de balizamiento, velando por las lámparas del faro que siempre se encienden al caer la noche y se apagan inevitablemente en el amanecer. Hoy en día son pocos los barcos que navegan el estrecho de Magallanes, esencialmente buques petroleros que van y vienen desde las plataformas instaladas en la región. Para ellos, la luz del faro resulta esencial en las horas de oscuridad, ya que las fuertes corrientes hacen muy difícil maniobrar las embarcaciones en la boca magallánica. Por un sendero pedregoso, José baja de la colina sobre la que se levanta el faro. En una casa de paredes blancas lo espera un mate que acaba de servirle el cabo Altamirano, su compañero de tareas en las tres semanas que dura su turno en cabo Vírgenes. Ya ha tomado uno al despertarse, bien amargo y cimarrón como siempre le han gustado, pero no viene mal disfrutar de otro más a media mañana. Además, hace ya un par de días que el viento viene soplando duro y se complica mucho andar por afuera, más aún cuando hace frío y las ráfagas parecen cortarle la cara a uno. El invierno llegó y nada puede evitarlo. Orillando la colina sobre la que se levanta el faro, un cartel blanco indica el comienzo de un largo camino de ripio que se extiende hacia el Norte. La señal, iluminada de lleno por el sol, marca el kilómetro 0 de la ruta nacional 40, la más legendaria de las carreteras argentinas que recorre el país de sur a norte, más de cinco mil kilómetros desde cabo Vírgenes hasta la ciudad jujeña de La Quiaca, en la frontera misma con Bolivia. Junto al cartel blanco, como si de una postal se tratara, se sacan fotos tres turistas recién llegados en una camioneta gris. Aseguran venir de Río Gallegos, la capital de Santa Cruz, según le cuentan a José, que ha dejado su mate y enfrentado el viento para ver qué lleva al terceto de visitantes hasta allí. Quisimos ver si aún quedaban pingüinos en la zona, le dice uno de ellos al farero. Lamentablemente para los turistas, los pingüinos magallánicos de la colonia que se asienta en las cercanías de cabo Vírgenes ya han emigrado en su totalidad y el asentamiento no volverá a formarse sino hasta los últimos días de septiembre, cuando los primeros ejemplares comiencen a llegar a las costas del estrecho para poner sus huevos e incubar las crías. Después, entre octubre y noviembre, el arribo de pingüinos se hará incesante y, ya en el inicio del verano, la colonia llegará a tener alrededor de 100 mil individuos, número que la convierte en una de las mayores de Sudamérica. Jurando volver para esa época, los tres turistas de las fotos regresan a Río Gallegos por el mismo ripio que los llevó hasta el cabo. Mientras ve a la camioneta alejarse por la ruta 40, José regresa al mate amargo que ya se ha enfriado. El viento empieza a aflojar de a poco y el cabo Altamirano le dice que para la tarde podrán terminar de armar un cerco que comenzaran a entablar una semana atrás. Sin prestarle atención a su compañero, el misionero calienta la pava y mira a través de una ventana. Allá, sobre la colina, el viejo faro le recuerda otro sueño, el de un hombre de rostro anónimo oteando el horizonte de un sitio remoto que se pierde en el mar. Debe ser un centinela como yo, piensa José con cierto orgullo. Y, entrecerrando los ojos, vuelve a disfrutar de su amargo. 

Fuente: 7 Días

martes, 26 de junio de 2012

Un mimo al alma

Entre varios Flynn Paff, un Guaymallén de chocolate, una porción de torta y una hermosa tarjeta diseñada por ellos mismos, los alumnos de 6º año que no fueron al retiro (medio curso) me recibieron como a una celebridad con estas inscripciones en el pizarrón...


lunes, 25 de junio de 2012

Golpe de Estado institucional en Paraguay

Al instante de conocida la noticia del Golpe de Estado en la hermana República del Paraguay el repudio a tal acción fue contundente en amplísimos sectores sociales, y claramente expresado desde los organismos -institucionales y políticos- que representan sin dobleces los intereses populares de nuestra región. Dentro del entramado democrático regional es cierto que la democracia paraguaya sigue siendo uno de sus eslabones mas débiles; el genocidio de la Triple Alianza en el Siglo XIX y el aparato policíaco-militar montado por tantos años de dictadura durante el Siglo XX han alejado a ese pueblo mas que a otros de sus objetivos de liberación e independencia definitivas, los que esperamos sean alcanzados, para beneficio de esa nación, lo antes posible. Poderes corporativos y elitistas, digitadores de muchos medios masivos de comunicación, fueron parte activa en ésta conspiración contra un gobierno elegido por el voto popular. El gobierno de Fernando Lugo tenía sus debilidades, en gran medida por los condicionamientos extorsivos a los que era sometido cotidianamente por los sectores que acabo de mencionar; no pueden esas debilidades ser excusa para justificar de modo alguno el accionar antidemocrático de la oligarquía paraguaya y sus serviles cómplices. Los intereses Imperialistas del Pentágono también han gravitado en éste golpe a la democracia. Hoy la construcción de nuestra Patria Grande ha sufrido un duro revés, y los responsables de esta acción cobarde son claramente identificables, aunque se escondan entre los idiótas útiles que les sirven de mano ejecutora. 

Fernando Lugo junto a su vicepresidente, el golpista Federico Franco quien asumió la presidencia tras la destitución

martes, 19 de junio de 2012

El Aconcagua es más alto

Un equipo de la Universidad Nacional de Rosario determinó, con un sistema ultramoderno, que el Coloso de América mide 6.964,4 metros, 2,4 metros más de lo que se sabía hasta ahora. Corrige la medición de 1989.

Silvina Dezorzi - La Capital/Especial para UNO

Según la medición ultramoderna que realizó un equipo de investigadores encabezado por docentes de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), el Aconcagua mide 6.964,4 metros sobre el nivel del mar: 2,4 metros más que lo que había arrojado el cálculo anterior, hecho en 1989. Con ese resultado, la montaña –ya considerada la más elevada del mundo fuera de Asia y la segunda de mayor altura relativa– se puso a la par de los grandes picos del planeta, como el Himalaya, medidos con mucha mayor precisión desde hace unos años gracias a este mismo método de última generación.
En el equipo participaron la directora de la Escuela de Agrimensura de la facultad, María Cristina Pacino; un alumno del último año de la carrera, auxiliar docente “superentrenado en mediciones de gravedad”, Eric Jäger, y dos expertos del National Space Institute de Dinamarca, René Fosberg y Arne Olesen. También colaboraron Silvia Miranda (Universidad Nacional de San Juan) en vinculaciones terrestres y Luis Lenzano (Universidad Nacional de Cuyo) en logística.
En el trabajo jugaron un papel clave la Estación Permanente GPS Acon, instalada hace cinco años en la cima de la montaña mendocina (lo que la vuelve la estación de monitoreo satelital más alta del mundo), y la National Imagery and Mapping Agency (Estados Unidos), que financió los gastos de la medición “aerogravimétrica”.
“Hace rato que las grandes masas montañosas se manejan con mediciones realizadas en base a métodos muy modernos y el Aconcagua merecía aggiornarse”, explicó Pacino. Por ejemplo, la última realizada sobre el Himalaya también determinó que tenía mayor altura.
Antiguamente, los picos montañosos se medían en base a triangulaciones realizadas con equipamientos ópticos desde la base, midiendo las distancias a otros picos.
Pero ahora, dijo la agrimensora, “la estación GPS en la cima del Aconcagua mide permanentemente los desplazamientos verticales y horizontales de la montaña”. Porque, créase o no, aunque parezcan lo más estable y quieto del mundo, las montañas se mueven. Como todo en la Tierra, incluida la Tierra.
Para tener una idea: según detalló Pacino, en sentido vertical el monte se desplaza hacia el oeste junto con toda la placa sudamericana a razón de dos centímetros por año y también presenta cierto movimiento autónomo. Y a nivel vertical también muestra movimientos hacia arriba y hacia abajo. Lentos –no bruscos, como los que producen los terremotos–, pero a la vez constantes.
Así fue como el estudio reveló una diferencia “más simbólica que otra cosa”, pero diferencia al fin: que el Aconcagua ya no mide en el Sistema Altimétrico Mundial, como se pensó hace 23 años, 6.962 metros, sino 6.964,4 metros.

Confirmación

Ahora, ese valor deberá ser ajustado por un procedimiento aún de mayor precisión. Una vez que concluya, el Instituto Geográfico Nacional informará oficialmente la altura definitiva del monte.
Al margen del aporte científico que implicó actualizar el dato en sí, Pacino resaltó que el trabajo en cooperación con otras universidades y organismos –como el National Space Institute danés, cuyo esfuerzo hay que destacar– posiciona a la UNR.
También para Jäger –encargado de medir la aceleración del campo de gravitación– participar en el equipo que midió el Aconcagua “significó una oportunidad muy importante, en un trabajo fuera de lo común y al que no mucha gente logra acceder”.
El estudiante (29) realizó hace dos años una medición terrestre y en febrero de 2011 participó de otra aérea. Ahora festeja que el Aconcagua haya crecido un poco más en el ranking de los gigantes terrestres.

lunes, 18 de junio de 2012

El sitio más silencioso del mundo, insoportable para el humano

El lugar más silencioso del mundo está en Minneapolis, Estados Unidos, según registró el libro de récord Guinness. Dentro de los Laboratorios Orfield existe una habitación a la que técnicamente se conoce con el nombre de cámara anecoica. Allí, el sonido promedio es de -9 decibeles, un registro imperceptible para el oído humano.
La cámara anecoica es superior a cualquier otra y está especialmente diseñada para absorber todo el sonido que incide sobre las paredes. La NASA, por ejemplo, lleva ahí a sus astronautas para sumergirlos en grandes contenedores de agua y medir en cuánto tiempo comienzan a sufrir de alucinaciones. También marcas como Harley–Davidson redefinen el sonido de sus motos o Whirlpool trata de hacer menos ruidoso sus lavarropas. Se trata de un lugar donde no existe la reverberación: todos los sonidos que salen de una fuente sonora desaparecen en apenas un instante.
Steven Orfield, presidente del laboratorio que creó la cámara, asegura que una persona no puede estar más de 45 minutos en su interior y a oscuras. ¿La razón? Tanto aislamiento provoca desesperación e incluso se podrían experimentar graves alucinaciones.
“Cuando estás tranquilo, tus oídos se adaptan. Y el silencio de la habitación te permitirá escuchar los latidos de tu corazón, a veces los pulmones y parte del estómago. Dentro de la cámara sin ecos, es la propia persona la que se convierte en sonido y eso es una experiencia desconcertante. Es tan desconcertante que sentarse se convierte en una necesidad”, comenta Orfield, de 62 años.
Para Lía Ricón, médica psicoanalista psiquiatra de la APA y profesora de la UBA, es real que la experiencia de permanecer encerrado en un sitio de estas características podría volverse perturbadora. “Esta práctica está asociada a la privación sensorial. Esto es no ver ni oír nada y puede incrementarse con permanencia en un medio acuoso para evitar las sensaciones de roces en la piel. Esta privación produce efectos muy penosos y –según el tipo de personalidad– pueden aparecer fenómenos alucinatorios y desorganización de la personalidad”, explica. “Sin dudas produce una vivencia de muerte, estallido, ruptura, desintegración. Por esto es insoportable”, reconoce.
Más allá de esta situación limite, en nuestra sociedad hay quieres hablan todo el tiempo y llenan sus espacios por miedo a no tolerar el silencio. “Esta necesidad de estar siempre comunicado con el exterior habla de una dificultad para estar conectado consigo mismo, de una falencia interior que hace temible la meditación y la conexión con lo más íntimo e importante de uno mismo”, finaliza la especialista.

Fuente: Clarín

jueves, 14 de junio de 2012

Un descubrimiento inesperado bajo el hielo ártico

Karen Frey, del ICESCAPE realizando mediciones - NASA
Decía Antoine de Saint-Exupéry en su célebre libro 'El Principito' que la belleza del desierto radica en que esconde un pozo de agua en cualquier parte, en el lugar más inesperado.
Bien, pues algo así es lo que ayer anunciaba la NASA, que, mediante su expedición ICESCAPE, ha descubierto una enorme concentración de plantas microscópicas en uno de los parajes más inhóspitos del planeta: los hielos del Ártico.
La directora del programa marino de biología de la Agencia Aeroespacial, Paula Bontempi, explicaba la noticia de esta manera tan visual: "parte de la misión de la NASA es ser pionera en el descubrimiento científico, y esto es como encontrar una selva amazónica en medio de un desierto".
Se trata de una gran floración de biomasa conocida como fitoplacton, un elemento clave en la cadena alimenticia de todas las especies marinas. Los datos indican que estas floraciones se extienden cientos de kilómetros, algo que ha dejado sorprendidos a todos los investigadores de la expedición, incluido Kevin Arrigo, director del ICESCAPE, que tras el hallazgo declaraba: "Si alguien me hubiera preguntado antes de la expedición que bajo el hielo se verían floraciones, yo les habría dicho que era imposible".


Hasta hace poco, los científicos consideraban que la gran capa de hielo del polo bloqueaba la luz solar necesaria para la vida y la fotosíntesis del fitoplacton; sin embargo, este hallazgo cambia ese planteamiento y abre nuevas posibilidades, ya que, debido al calentamiento global, el manto de hielo en los polos cada vez es menos extenso y delgado.
El descubrimiento se ha publicado en la prestigiosa revista científica Science y podría cambiar la idea que se tenía hasta el momento sobre la biomasa marina, puesto que los científicos creen que, ateniéndose a estos nuevos datos, la producción de fitoplacton en algunas partes del Ártico podría ser hasta 10 veces más alta que en el océano abierto.
[Si te ha interesado este artículo te gustará: Solidaridad entre distintas especies de ballenas]

viernes, 8 de junio de 2012

Volvió el paraíso



El 4 de junio de 2011, la naturaleza castigó a Villa la Angostura y otras zonas patagónicas con la furia del volcán Puyehue. Hoy, gracias a la fuerza de voluntad y solidaridad, sus vecinos volvieron a sonreír y esperan ansiosos la llegada de la nieve.
Por Daniela Rossi (Desde Villa la Angostura)

Hoy, lo que cae del cielo es agua, forma charcos, hace barro en las calles de tierra. Llueve. Hace 364 días, el 4 de junio de 2011, lo que caía era granizo, piedra pómez, arena, ceniza; no se sabía bien qué. No se sabía nada. El mediodía se hizo noche, el suelo tiritó, hubo rayos, truenos, algo que nunca pasó por acá. El volcán Puyehue tosió y Villa La Angostura se transformó en un pueblo en escala de grises. Estuvo sepultada bajo 30 centímetros de arena durante varios días. Hasta que el pueblo se transformó en comunidad y de ahí en adelante empezó la historia de la reconstrucción. De la limpieza para que quien llegue pueda decir: "aquí no ha pasado nada". Este verano las rosas crecieron rojo intenso, los pinos lucieron verdes, el agua que cayó, lavó, ya no endureció la arena. La huella del Puyehue ahora va por dentro, pero por afuera no se ve.

Susana estaba en la parroquia, Elizabeth en su casa, Martín en el restaurante de un amigo, Julián en la montaña, Diego en lo de su mamá, Mario en el cuartel, David y Juan José en reunión de gabinete, Gabriel en Bariloche, Alejandra en la Casa de la Cultura. Todos recuerdan en dónde recibieron la noticia de la erupción del volcán, que está en Chile pero que volcó su furia hacia este lado de la cordillera. De ahí hasta el domingo recuerdan poco, sólo que acataron órdenes o que las dieron, porque eso era lo mejor para todos.

El jueves anterior, David Tressens, entonces secretario de Seguridad municipal, leyó en un diario que había subido el alerta de la actividad del volcán, y puso en marcha el protocolo de Defensa Civil. Todos se reían un poco de incredulidad, pero comenzaron a trabajar. "Se prevé para los próximos 10 días un evento sísmico asociado a un evento vulcanológico", era la información que había llegado de la ONEMI. A las 15.15, poco después de finalizada la reunión conjunta de todas las áreas de Defensa Civil en la Casa de la Cultura, que después sería sede del COE (Comando de Operaciones de Emergencia), el Puyehue erupcionó.

TODOS PARA UNO. "Dormía la siesta en la casa de mi mamá, me llamó un compañero y me dijo que llovían piedras", recuerda Diego Miralles, locutor de FM La Jungla, la emisora que sirvió de vía de comunicación durante la crisis. A las 16.25 Miralles hizo su primera salida al aire –por radio y TV en simultáneo– y trasmitió 36 horas corridas. "Me vine, ni lo pensé. No me acuerdo nada de esas horas, era tan grande el estrés, la tensión, los teléfonos no paraban de sonar con pedidos. Pero a los cinco minutos de que hacíamos un pedido, alguien se acercaba a ayudar a ese vecino", recuerda junto a Jaqueline Rossano. Esa tarde, ella, que vivía frente a la radio, se acercó a ofrecerle café, y nunca más se fue.

Mario Tierno había reunido a sus 23 hombres en el cuartel general de Bomberos Voluntarios. Los temblores se habían sentido durante la mañana. Chile ya estaba en alerta roja: "El que quiere, se puede ir, no culparemos a nadie –les dijo–. El que se quede, que vaya a su casa, compre provisiones, prepare a su familia. No tenemos antecedentes, no sabemos cómo será". Desde ese mediodía se quedó 50 días en el cuartel. Allí trabajaba, dormía, comía. El edificio empezó a llamarse "la casa grande", ya que ahí vivían todos, incluso algunos con sus familias. "Había caritas de miedo, no te voy a decir que no. Era miedo a lo desconocido. Nosotros sabemos cómo enfrentar un incendio pero 30 centímetros de cenizas, no". Después del primer fin de semana, Tierno relata que empezó "el cuento de nunca acabar": "La ceniza era conductora, entonces cada vez que se mojaba hacía saltar la electricidad que habíamos logrado restablecer. Y al día siguiente había que limpiar lo mismo otra vez", explica. Hubo barrios sin electricidad por 45 días.

No se sabía si lo que caía era tóxico, irritante, nocivo para las vías respiratorias o la piel. "Apenas recibimos el alerta hicimos un recuento de los materiales de los que disponíamos. Había barbijos y medicación de los días de la Gripe A, estábamos equipados", cuenta en el despacho del nuevo hospital local, Alejandra Piedecasas, la directora. El año pasado aún funcionaba el viejo establecimiento, en el que montaron la guardia en la entrada: pero no recibieron más consultas que otros años, e incluso hubo menos enfermedades estacionales: "En mayo o junio en general empezamos a atender patologías invernales, pero como la gente se quedó en sus casas hubo una cantidad menor de consultas", asegura. Quienes tenían contacto directo con la ceniza presentaron irritaciones, piel seca, lesiones en los ojos, algo de tos. Pero en Villa La Angostura no hubo heridos ni muertos por las cenizas.

Sí notaron enseguida que el material que había caído era corrosivo: las palas con las que levantaban la arena se gastaban, los mosquetones con los que se sujetaban al trepar no duraban más de dos recorridos. En los techos de los que se tardó de sacar el material todavía hay marcas. En el plan de rescate se usaron 30 mil litros de agua potable, la misma cantidad de gasoil, 12 generadores y 3.500 barbijos. El COE llegó a tener 585 miembros, con un promedio de 150 voluntarios que se acercaban cada día. Eso es lo único que hace que David Tressens, el coordinador del COE, se emocione: "Le pedíamos milagros a la gente, y ponían todo para hacerlo. Un día grité en el salón que necesitaba alguien que hiciera un techo para cubrir una línea eléctrica. Un hombre levantó la mano y a las tres horas estaba listo; aún está ahí". De la villa se sacaron 1.4 millón de metros cúbicos de material volcánico: cada metro cúbico equivalía a 110 mil camiones, seco pesaba 700 kilos y mojado 1.800.

VECINOS. Ingeniero Jacobacci, Río Negro, queda a 184 kilómetros de aquí. Allí viven 5 mil personas y fue la otra gran castigada por el volcán. La ceniza que cayó era muy fina y los vientos de más de 80 kilómetros por hora tornaron difícil su limpieza; la acumulación de ceniza sitió a los pobladores y mató gran cantidad de animales. "Jacobacci fue el otro sitio muy afectado, que por suerte recibió ayuda económica del concurso ‘125 horas por la Patagonia’ para reconstruir los techos de las casas", cuenta Elizabeth Allende, miembro de Reconstruyendo Angostura, una ONG formada por mujeres. Los rionegrinos recibieron 200 mil pesos, mientras que los de Neuquén, 130 mil, que usaron para limpiar 32 casas de las afueras, plan con el que emplearon a hombres que habían perdido sus trabajos.

"Estaba el rico con el pobre, el jefe con sus empleados, la 4X4 y el auto viejo. Eran todos iguales", recuerda la Hermana Susana Vanni, representante legal del colegio Don Jaime de Nevares. Ella recibió la noticia en la parroquia y ese día acató la orden de no salir de sus casas. Al día siguiente llegó el shock: "Lo que vi esa mañana fue tristísimo, todo gris, tapado. No podías creerlo. Ahí dije que no me quedaría quieta y me fui para el COE", relata. Declarada fanática de la limpieza, enseguida le asignaron un rol: primero anotaba a los voluntarios que se ofrecían, luego organizó los grupos que mantenían aseada la Casa de la Cultura. "Tuve que bajar mis pretensiones", se ríe. La arena se pegaba al calzado, ensuciaba todo lo que tocaba. Pasaron muchos camiones y voluntad hasta que se volvieran a ver las veredas, el pasto, el asfalto. Más tarde, con el pasar de los días, comenzó una tarea que la marcaría. Junto a Gabriela, una profesora de la escuela adventista, salieron a recorrer las casas de los pobladores más alejados: "Nos unió la fuerza, la creencia. No nos conocíamos, y ahora nos vemos cada tanto", cuenta.

VOLVER A NACER. A esas casas rurales también llegó Gabriel Willinks, con su indumentaria color caqui y su sombrero de montaña: fueron los guardaparques de la región norte del Parque Nacional Nahuel Huapi los encargados de articular la ayuda que llegaba desde el Ministerio de Desarrollo Social nacional, el COE y los pobladores más alejados de la villa. "Estaban preparados para pasar el invierno, pero por ejemplo ocurrió que la leña quedó bajo lo que cayó. Además, los animales no tenían qué comer, alrededor del 20 por ciento del ganado vacuno de la zona murió, y ése era su principal sustento de vida", cuenta. Por cuatro o cinco años se calculaba que no habría pasto apto para consumo animal, pero algunas herbáceas ya rebrotaron, aún con más fuerzas. En el bosque, cuenta Willinks, la ceniza aún está en el suelo, pero conservó la humedad e impulsó a la flora autóctona, que pudo sacudir de sus ramas lo ajeno y volvió a nacer este verano. "Los pájaros desaparecieron, estaban perdidos, igual que algunos ciervos que se acercaron al pueblo", cuenta sobre los animales del lugar, que ya volvieron a cantar en su sitio de siempre. Incluso las chaquetas –especie de avispa– se fueron, por lo que a principios de este año las moscas –alimento del otro insecto– se instalaron por una temporada en la villa.

"Salimos del restaurante en el que estábamos y nos cayó un pedacito de piedra pómez. Después otro, y el cielo estaba negro. Salimos para el supermercado y a cargar gasoil, y esperamos en casa", cuenta Martín Zorreguieta, dueño de "180", uno de los restaurantes de Cerro Bayo. Ni pensó en cómo estaría el local de la montaña. "No había mucho por hacer ni por pensar. En ese momento era cuidar la salud, tener en cuenta la seguridad de los techos de los hogares. Y al día siguiente a sacar arena, pala, carretilla, había que seguir", dice el hermano de la princesa de Holanda. Supo, a los pocos días, que la temporada invernal estaría perdida, y para llegar en condiciones al verano habría que trabajar mucho. "Cuánto duraría la situación, era un misterio", asegura. El volcán recién bajó al alerta amarilla a fines de abril, más de 10 meses después de comenzar su actividad más fuerte.

En el invierno de 2011 el centro de esquí Cerro Bayo abrió igual, aunque los aeropuertos de la zona no operaban y los turistas no venían; pero era una manera de alentar a la comunidad a continuar. El año pasado el cerro facturó el 5 por ciento de lo recaudado en 2010, cuando lo visitaron 68 mil personas. "Perdimos 10 millones de pesos", confiesa Julián Arostegui, director de Cerro Bayo. La inversión para montar una telecabina séxtuple ya estaba hecha, pero las cenizas sepultaron también esos planes: la cinta recién pudo ser cortada hace unos días. "Estaba en la montaña y escuchamos los primeros ruidos. Bajamos todos, enseguida comenzamos a trabajar en el COE. Estuve casi un mes sin volver a Buenos Aires", cuenta.

El objetivo de la villa, en cuanto al turismo, es lograr una temporada similar a la de hace dos años, cuando el volcán no era tema de todos los días. "El segundo semestre de 2011 fue el peor de la historia en cuanto al turismo", dice sin dudar Marcelo García Leyenda, secretario de Turismo municipal, pero expone un dato alentador: abril de 2012 tuvo un 75% de ocupación hotelera, cifra mayor al mismo mes de los últimos seis años. Los comercios ya se tomaron su tradicional semana de vacaciones de otoño, cuando los turistas por estos lados son contados, para esperar la temporada invernal.

Arrayanes, la calle principal, tiene sus canteros arreglados, para mostrar que todavía es el centro del jardín de la Patagonia. En el bosque, el pasto ya le gana a la arena y puede asomarse a la luz. Para los vecinos, los días de "cenizeada" quedaron atrás, y repiten como un mantra el deseo de que no vuelvan por mucho tiempo. Que no vuelvan nunca más. 
Fuente: 7 Días

lunes, 4 de junio de 2012

Hallan tres montes de más de 8.000 metros

Luego de tres décadas de estudio, científicos establecieron las medidas de varios gigantes. Los montes Annapurna, Centro y el Shishapangma Occidental ubicados en Nepal y China están ahora en la lista de los picos más altos del mundo.

 

Monte Annapurna.
Monte Annapurna
El monte Annapurna Este con 8.103 metros de altura, localizado en Nepal,el Monte Centro de 8.011 metros, en la frontera de China y Cachemira, y el Monte Shishapangma Occidental de 8.008 metros, en la región autónoma del Tíbet, fueron incluidos por científicos chinos en la lista de los picos más altos del mundo.
Los científicos completaron la topografía de las 17 montañas que tienen una altura superior a los 8.000 metros sobre el nivel del mar, dijo Mi Desheng del Instituto de Investigación de Medio Ambiente e Ingeniería de la Academia China de Ciencias.
Los hallazgos van a ser publicados en un libro titulado "Atlas Mundial de las Montañas Nevadas de más de 8.000 Metros de Altitud", que ofrecerá evidencia teórica para la investigación de glaciares y materiales cartográficos para los alpinistas.
Los investigadores chinos empezaron en la década del 80 a realizar viajes de campo y estudios fotográficos en esas montañas.

Fuente: INFOnews

Suspendida una base del Comando Sur de EEUU en Argentina


Argentina ha suspendido la instalación de una base militar del Comando Sur de EE.UU. en la provincia del Chaco, en el noreste del país.
Los representantes diplomáticos y militares estadounidenses ya habían suscrito de antemano los acuerdos necesarios para la instalación de dicha base con el gobernador del Chaco, Jorge Capitanich, sin embargo, la cancillería y el ministerio de Defensa argentinos suspendieron todos los acuerdos firmados entre las partes.
El proyecto había sido presentado públicamente como un centro de ayuda humanitaria para hacer frente a catástrofes naturales o epidemias. El sitio elegido para su emplazamiento fue el aeropuerto de Resistencia, capital de la provincia. En su predio se construyeron dos edificios, financiados por el Comando Sur, que depende del ministerio de Defensa de Estados Unidos.
Washington tenía previsto inaugurar la base a finales de mayo, no obstante, fue testigo del rechazo de los chaqueños que se opusieron a la instalación de la base militar, pues según ellos, su principal objetivo era controlar los recursos naturales estratégicos de la zona. La misma idea incitó al gobierno de Cristina Fernández a adoptar una postura tan firme y discreta.
Cabe destacar que Capitanich es un aliado de la presidenta argentina, pero sin duda, su disposición para complacer los intereses estratégicos de EE.UU. han acabado dañando las posturas que ha adoptado el gobierno argentino dentro del Mercado Común del Sur (Mercosur), la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), bloques regionales que excluyen a Estados Unidos.
Mientras tanto, el pasado 22 de mayo, el gobernador del Chaco aclaró que las instalaciones en el aeropuerto de Resistencia servirán de sede permanente a la Defensa Civil. Ese mismo día envió al poder Legislativo un proyecto para modificar la Ley de Defensa Civil de la provincia. En él se prohíbe expresamente la injerencia de cualquier Estado extranjero en caso de emergencias y catástrofes.
En diciembre pasado, Capitanich recibió a una delegación encabezada por el ministro consejero de la embajada estadounidense, Jefferson Brown, quien dijo que el centro constituye uno de los proyectos más importantes que el gobierno norteamericano tiene con Argentina.
Por su parte, las organizaciones sindicales y civiles chaqueñas lanzaron una advertencia hace ya 4 años sobre los riesgos de la presencia del Comando Sur en la zona, recalcando que los mecanismos de ayuda humanitaria podrían y deberían articularse con los Cascos Blancos, la Organización Panamericana de la Salud, Unicef o la Cruz Roja.
El Comando Sur de Estados Unidos o USSOUTHCOM (United States Southern Command en inglés) es uno de los diez comandos perteneciente a los Estados Unidos desplegados en el mundo que abarca el área relativa al sur del continente americano, América Central y el Caribe. Dicho comando se halla ubicado en la ciudad de Miami, Florida. 
Fuente: Hispantv