domingo, 23 de marzo de 2014

Cinco experimentos audaces para lograr ciudades sin autos

París es la última ciudad que recurre a medidas drásticas y controversiales de restricción de tráfico para frenar la contaminación del aire. ¿Qué más están haciendo otras ciudades para reducir el smog?

París se propuso reducir la circulación de coches en la ciudad.

Cientos de policías monitoreaban el tráfico en París para asegurarse que sólo circulaban por las calles de la ciudad los vehículos cuyas placas terminaban en números impares.
La semana pasada, ante los altos niveles de registro de contaminación del aire, las autoridades de la capital francesa decretaron que los automóviles cuyos números de placas terminaban en un número impar sólo se les permitiría circular un determinado día, los de número par al día siguiente.
El esquema se debió a los niveles de contaminación cercanos a 180 microgramos de partículas PM10 (diminutas partículas dispersas en el aire con un diámetro menor a 10 micrómetros) por metro cúbico, más del doble del límite de seguridad ubicado en 80.
Bajo las regulaciones de emergencia, 700 policías salieron a las calles desde el amanecer para asegurarse de que sólo estuvieran transitando los carros y motos que llevaban las placas numeradas correctamente.
Después de tan solo un día el proyecto fue finalizado y las autoridades declararon que la medida había tenido un marcado efecto en la calidad del aire.
Pero la capital francesa no es la única que limita el número de vehículos circulando en las calles, ya sea para reducir la contaminación del aire o para liberar las calles de la congestión que obstruye el paso.
Esta idea ha llevado a nuevos intentos de establecer calles sin automóviles y algunas formas igualmente ingeniosas de romper las reglas por parte de los conductores, quienes están decididos a mantenerse al volante.

El plan de Ciudad de México no tuvo éxito.

En 1989, funcionarios de la Ciudad de México prohibieron la conducción de vehículos en un día determinado de la semana. Pero el plan fracasó, aquellos que podían permitírselo se compraron otro vehículo para usarlo en los días de prohibición, y de hecho el tránsito aumentó.
Es más, muchos de estos autos eran viejos y provocaban mayor contaminación.
Un informe emitido por el Banco Mundial encontró que la prohibición no había proporcionado ninguno de los beneficios previstos, mientras que otro documento de los investigadores de la Universidad de California en Berkeley indicaba que los niveles de contaminación del aire se habían elevado.

Shanghái tiene habituales problemas de smog.

Shanghái, la megápolis China, hogar de unos 23 millones de habitantes, ha experimentado un crecimiento vertiginoso en las últimas décadas y esto ha traído consigo una gran cantidad de automóviles adicionales.
Tan dañina era la contaminación provocada por los automóviles e industrias que el año pasado alcanzó un máximo de 31 veces sobre los niveles de seguridad recomendados.
¿Cuál fue la respuesta de Shanghái? Subastar mensualmente un límite estricto de nuevas placas.
Su costo puede comparase con el costo de un auto, según China Daily, no demasiado costoso para los nuevos ricos de China pero fuera del alcance de los ciudadanos pobres.
Esto condujo a un gran negocio de ventas de placas militares falsas ya que los vehículos militares no están sujetos a restricciones y una placa válida por seis años se puede vender hasta por US$45.000.

Medellín se destaca por su moderno sistema de transporte público.

Medellín, la segunda ciudad más grande de Colombia, ha adoptado programas o alianzas sociales desde que dejó atrás las décadas de violencia relacionada con el narcotráfico.
Desde 1990, se ha tratado de alejar de los automóviles a 2,5 millones de personas que habitan en la ciudad y llevarlos hacia el transporte público. Parte de ello ha sido la implementación de un día al año sin automóvil, donde se anima a los residentes de la ciudad a dejar sus vehículos en casa y caminar, trasladarse en bicicleta o en transporte público.
La capital del país, Bogotá, lanzó su primer día sin automóviles en el año 2000 y este año se extendió a una semana. Según algunos informes, en un día sin vehículos en la ciudad de siete millones de habitantes puede haber 600.000 automóviles menos.

Copenhague favorece el uso de bicicletas.

Después de la crisis petrolera de 1970, la capital danesa comenzó a darle mayor importancia al medio ambiente en su agenda.
Una serie de leyes de planificación urbana redefinió el espacio público de la ciudad, y promovió el ciclismo en lugar de la conducción de cualquier otro tipo de vehículo.
La más importante de ellas fue un impuesto de ventas del 180% en cualquier automóvil nuevo: es decir, un auto que en el mercado valga US$20.000 en realidad le costará US$50.000 para poder manejarlo.
Los antiguos estacionamientos se han convertido en espacios públicos y zonas peatonales.
La posesión de automóviles en Copenhague era de alrededor de 18% en 2011 y un reciente aumento en el número de automóviles pequeños, más baratos, con impuestos más bajos no pueden ocultar que esta ciudad considera un beneficio que la población monte bicicleta y camine.

Hamburgo planea algo así como "autovías" verdes peatonales.

Si Copenhague hizo difícil poder pagar un automóvil, la ciudad portuaria alemana de Hamburgo puede hacer que sea aún más complicada.
El ambicioso plan de la ciudad es convertirse en una ciudad libre de vehículos dentro de dos décadas y una manera para poder lograrlo es mediante la creación de espacios verdes vinculados que cubrirían el 40% de la ciudad. Esto podría hacer a toda la ciudad transitable en bicicleta o a pie.

Fuente: BBC Mundo