domingo, 25 de mayo de 2014

Día de la Revolución de Mayo

Acontecimientos revolucionarios ocurridos en mayo de 1810 en la ciudad de Buenos Aires, capital del Virreinato del Río de la Plata, dependiente del rey de España, y que tuvieron como consecuencia la deposición del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros y su reemplazo por la Primera Junta de gobierno.
Los eventos de la Revolución de Mayo se sucedieron durante el transcurso de la Semana de Mayo, entre el 18 de mayo, fecha de la confirmación oficial de la caída de la Junta Suprema Central, y el 25 de mayo, fecha de asunción de la Primera Junta.
La Revolución de Mayo inició el proceso de surgimiento del Estado Argentino sin proclamación de la independencia formal, ya que la Primera Junta no reconocía la autoridad del Consejo de Regencia de España e Indias, pero aún gobernaba nominalmente en nombre del rey de España Fernando VII, quien había sido depuesto por las Abdicaciones de Bayona y su lugar ocupado por el francés José Bonaparte. Aun así, dicha manifestación de lealtad, conocida como la máscara de Fernando VII, es considerada una maniobra política que ocultaba las intenciones independentistas de los revolucionarios.


Las palabras del acto

Imaginemos un día nublado y medio lluvioso, de esos que son tan frecuentes en el otoño. Ese día fue el 25 de Mayo de 1810. Un día como hoy, pero 204 años atrás, un grupo de idealistas como Mariano Moreno, Manuel Belgrano, Nicolás Rodríguez Peña, Hipólito Vieytes, Juan José Castelli, Juan José Paso, Antonio Luis Beruti, Eustoquio Díaz Vélez, Feliciano Antonio Chiclana, José Darragueira, Martín Jacobo Thompson, Domingo French y Juan José Viamonte se reunía en el Cabildo de Buenos Aires para deponer a un representante del rey Fernando VII y reemplazarlo por un cuerpo colegiado.
¿Por qué nombramos a muchos de ellos? Porque debemos recordar que no son la nómina de calles de una ciudad o el nombre de alguna localidad ni de clubes de fútbol; o en todo caso, los son porque algo hicieron para que se los recordara, pues bien, dieron el puntapié inicial para intentar una vida nueva con una idea a la cual aún hoy muchos le temen inclusive cuando la escuchan nombrar: libertad.
Se buscaba dejar de ser una colonia española y comenzar a ser un país libre, con su propio gobierno y, sobre todo, la posibilidad de crear una patria grande.
Estos hombres, tenían grandes sueños y esos sueños eran, en primer lugar, constituir una Nación, un país nuevo, independiente, sin ninguna clase de vínculos con la antigua España ni con ninguna otra y a partir de allí, un nuevo Estado sobre la faz de la Tierra. En segundo lugar, la idea era hacer una sociedad más justa, mediante dos principios fundamentales: el de una autoridad surgida del pueblo, no ya del rey, y que debía construirse una sociedad más igualitaria, aboliendo el régimen de castas que había existido durante la dominación española. Estas eran las ilusiones de los hombres de Mayo.
Pero estos hombres no sólo tenían sueños, tenían la fortaleza y la determinación para hacerlos realidad.
Este primer gobierno patrio fue sólo el primer paso hacia el desarrollo de una Argentina libre, independiente, soberana e independiente....
Sin embargo, en estos días de economías globalizadas, estos ideales se han ido desdibujando, aquellos ideales que en el nacimiento de la Patria movilizaron tantos sueños y tantos esfuerzos, fueron debilitando su significado y hoy para algunos su sentido es un poco difuso.
¿Podemos afirmar hoy en día que somos una patria libre de toda dominación extranjera cuando nuestra economía depende de las naciones más poderosas?
¿Podemos hablar del ejercicio irrestricto de nuestra soberanía cuando nuestro territorio se halla usurpado por capitales multinacionales?
¿Podemos asegurar nuestra independencia política cuando la corrupción de cierta clase política es siempre afín a interéses foráneos?

Tal vez les toque a ustedes volver a retomar aquellos ideales y formular un nuevo significado de la palabra Revolución mientras nosotros los apuntalamos para llegar a buen puerto con ese ideal dorado. Un significado que abarque el derecho de cada argentino para trabajar y ganarse su pan, sin debérselo a nadie más que a su propio esfuerzo. La posibilidad de que cada persona que viva en nuestro país, tenga derecho a tener su techo, educar a sus hijos y poder prometerles un futuro mejor.