lunes, 21 de julio de 2014

Brics: Rusia (Centro y periferia) y China (Todo es geografía)

Provincianos. Igual de periféricos, rusos y españoles.
Rusia, centro y periferia

Aunque tanta distancia geográfica separe Rusia de Argentina, compartimos similitudes con los rusos que no tenemos con ninguno de los otros pueblos  sudamericanos. Hace algunos años había una publicidad en Brasil que decía que Argentina era el Brasil del año próximo porque todas las calamidades que llegaban a ese país primero aparecían en el nuestro. Se podría hacer una asociación similar con Rusia: ellos  hicieron el default de su deuda y confiscaron los depósitos cuatro años antes que nosotros (1998 en Rusia, 2002 en Argentina). Y Putin instaló el mismo sistema autoritario de democracia delegativa que se reeligió continuamente tres años antes que Néstor Kirchner (Putin el 7 de mayo de 2000 y Kirchner el 25 de mayo de 2003).
En lo personal, esa anticipación rusa me permitió ver los aspectos negativos del kirchnerismo y del Frente para la Victoria desde sus comienzos y advertirlo desde los medios de Editorial Perfil antes, porque primero había visto los de Putin y de su partido Rusia Unida, cuando por entonces fui secretario de la Cámara de Comercio Ruso-Argentina, cargo al que renuncié tras el asesinato de la periodista Ana Polokiskaya. En esos años escuché amargamente a editores y periodistas rusos contarme cómo Putin hacía que empresarios amigos comprasen los medios que previamente ahogaba con persecuciones varias.
Ahora que está tan presente  en Argentina la palabra Bric, vale recordar la respuesta que al entonces ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Igor Ivanov, me dio sobre los Bric: dijo que China, Rusia y hasta India eran potencias mundiales, pero Brasil no lo sería porque al no tener bomba atómica ni grandes fuerzas armadas no podría proteger su comercio. Años después Putin designó a Ivanov ministro de Defensa.
Los Bric tienen reminiscencias geopolíticas de la época de la Guerra Fría cuando había un Segundo Mundo, el bloque soviético, y un Tercer Mundo, expresado en el Movimiento de Países no Alineados, que tuvo como actor principal a la China de Mao.
El orginal Bric se transformó en Brics por el agregado de Sudáfrica, un país más pequeño que Argentina e insignificante frente a sus otros cuatro integrantes, porque el blode China y Rusia, sus verdaderos líderes, querían que además de India y Brasil hubiera un representante de Africa para darles a los Brics un carácter internacionalista.

Pingüinos siberianos 

Hay pocos líderes tan parecidos entre sí como Néstor Kirchner y Putin; fue la frágil salud del argentino la causa de la diferente evolución entre sus carreras una vez alcanzado el poder. Cuando Putin elogió a Cristina en su reciente visita a Buenos Aires diciendo que ella tenía una visión autónoma (y remarcó: “algo inusual en estos tiempos”), estaba haciendo un elogio de sí mismo.
Pero basta con unir en el tren Transiberiano Irkutsk con Vladivostok (una distancia comparable entre Neuquén y Río Gallegos) para sentir las similitudes con la Patagonia: grandes territorios poco poblados con temperaturas que explican esa poca densidad humana. Y cómo esas condiciones físicas templan el carácter. Por eso el padre de la patria ruso y prócer más admirado, el zar Pedro I, mudó la capital de Moscú  a San Petersburgo para estar más cerca de Europa. Pero aun así la capital de esa Rusia más moderna estaba a 1.700 kilómetros del borde del centro europeo, el círculo imaginario entre Berlín y Londres que incluye París y Hamburgo más toda Suiza y Holanda, la parte más desarrollada del mundo en el Renacimiento. Y la misma distancia separa Madrid de Londres, el otro borde de ese centro figurado. Es que españoles (en gran medida también Italia, especialmente su parte sur) eran tan periféricos como los rusos, ambos provincianos y toscos en comparación con los europeos más refinados. El propio Pedro I se divorció de la esposa noble que le habían elegido y se casó con la mucama de un amigo, que comprendió mejor su espíritu aventurero.
La pasión rusa tiene puntos de contacto con la latina; incluso su idioma, plagado de sonidos consonantes, tiene vocales abiertas con una musicalidad con algún punto de encuentro con la italiana.
Aunque parcialmente diferente en el color de sus ojos y cabellos, la belleza de las mujeres rusas también es identificable con la de las argentinas, y la mejor prueba es la revista de moldes y costura argentina Look, que viene publicando desde 2003 la editorial rusa Konliga bajo licencia de Editorial Perfil. Porque, según ellos explican, “el cuerpo de las argentinas y la belleza de sus modelos es parecido al de las rusas”.
Además de su Siberia comparable con nuestra Patagonia, Rusia tiene su zona más desarrollada hacia el otro lado de Moscú, el sector más europeo. Hace pocos meses recorrí en auto San Petersburgo-Moscú, un viaje similar al de Buenos Aires-Córdoba. Pude comprobar que el desarrollo vial ruso es igual o peor que el nuestro porque, por lo menos, hasta Rosario tenemos autopista mientras que la más transitada ruta de Rusia, que une sus dos principales ciudades, sólo tiene dos tramos por partes y la mayoría es una mano y media. El Mundial de Fútbol de 2018 la obligará a mejoras de infraestructura porque sus aeropuertos, comparados hasta con los de Brasil, parecen del Tercer Mundo.
Sin duda, Rusia es una potencia militar y energética, pero su desarrollo y calidad de vida están lejos del Primer Mundo. Y esa es una característica que comparten los Brics: son potencias, pero sus poblaciones no alcanzaron a formar clases medias mayoritarias, y no bien se sale de las principales capitales, es el interior de cada uno de los integrantes de Brics el que demuestra su potencial de crecimiento por sus atrasos contrastantes con la riqueza del país.
Lo que unifica a los Brics es que siendo países ricos, la parte de la población con buena capacidad de consumo no supera un tercio del total de sus habitantes (y en India, menos aún).
Pero un tercio de China es equivalente a toda Europa, y ése es el verdadero motor de los Brics.

Fuente: Perfil

China, todo es geografía

Lógica. Brasil, Rusia, India y China son países en potencia como EE.UU.
Mientras la columna de ayer –“Brics 1: Rusia (Centro y periferia)”– puso énfasis en mostrar que las similitudes de los rusos con los argentinos son mucho mayores que lo que se cree, esta sobre China tiene que comenzar remarcando lo opuesto: las diferencias entre los argentinos y los chinos son superiores a las aun enormes que se suponen. Aquella figura de las abuelas sobre que si se hiciera un agujero desde la Argentina que cruzara el planeta se saldría del otro lado en China, porque ambos países están a la máxima diferencia horaria y en la misma latitud, pero China en el Norte y Argentina en el Sur, sirve para comprender que se trata de mundos exactamente opuestos. Pero en todos los sentidos, como en esa novela de ciencia ficción de planetas que son espejos invertidos.
Si hubiera que sintetizar el punto más irreductible de la disparidad de caracteres entre ambos países, nadie dudaría en decir que reside en la diferente percepción del tiempo: la urgencia argentina versus la eternidad china.
No es un tema menor: un cambio en la percepción del tiempo cambia la percepción de la realidad. Para la filosofía moderna, la idea de tiempo es un valor absoluto: ninguna percepción es posible ni pensable sin suponer que se da en el tiempo. Para Kant, el tiempo es “intuición pura” y “forma a priori”. La tendencia primitiva a medir la distancia en tiempo, horas a caballo, por ejemplo, y también en las dimensiones siderales, como las distancias medidas en años luz, corrobora la idea de que tiempo y espacio son inseparables.
Y precisamente de espacio es que están hechos los Bric (sin la “s” de Sudáfrica, agregada al final) con China como primus inter pares de Brasil, India y Rusia.
El gráfico que acompaña esta columna muestra tres círculos: uno de países con más de 1 billón de dólares de producto bruto, otro con países con más de 3 millones de kilómetros cuadrados y otro círculo con países con más de 100 millones de habitantes.
Hay países como Canadá que tienen el territorio y el producto bruto, pero no la población. Y países como Japón, que tienen la población y el producto bruto, pero no tienen el territorio. Pero que tengan todo –territorio, población y producto bruto– sólo hay cinco países: Estados Unidos y los cuatro del Bric (China, Rusia, Brasil e India).
La formación inicial del Bric no fue arbitraria (se le agregó Sudáfrica sólo para tener un representante africano). Como tampoco es casual que no haya ningún país que, teniendo más de 3 millones de kilómetros cuadrados y más de 100 millones de habitantes, no termine estando entre los cinco grandes. Es importante observar en este gráfico que ese sector es el único que está vacío. Demostrando que la conjunción de dos variables inevitablemente genera la tercera: un país con un territorio y una población grandes terminará teniendo un producto bruto muy destacado. Efecto potenciado con el avance de las comunicaciones y el menor costo actual del capital que beneficia a los países de grandes extensiones para hacer más inversiones en infraestructura.
Los presidentes de China y Rusia vinieron casi juntos a la Argentina porque, a pesar de no ingresar a este “cuadro Bric” por ninguno de sus tres atributos, nuestro país casi alcanza el factor más importante: el territorio. La Argentina está muy cerca de los 3 millones de kilómetros cuadrados (tiene 2.780.400) y es el país más grande del mundo donde se habla español, que además es la segunda lengua mundial –después del chino mandarín– al dejar en tercer lugar al inglés.
La Argentina tiene el octavo mayor territorio del planeta y, al ser un país nuevo (la Patagonia, que ocupa casi un tercio de la superficie nacional, se agregó hace poco más de un siglo), por efecto de la inmigración regional crecerá en su población durante las próximas décadas. Y su actual producto bruto tampoco está tan lejos del billón de dólares. Vale aclarar que, cuando se constituyó el Bric, el producto bruto de México no alcanzaba el billón de dólares y ahora sí, pero hoy los Bric superan los 2 billones.
Es el territorio el bien más preciado por sus recursos naturales, fuente de las materias primas. Pero aunque ésta sea la dimensión más relevante de Argentina, a los chinos les interesa que, además de seguir exportándoles alimentos y otras commodities que precisan para mantener su proceso de crecimiento, también les sigamos comprando. Eso explica el swap de monedas, equivalentes a 10 mil millones de dólares que, a diferencia de cuando Redrado era presidente del Banco Central, esta vez sí son parcialmente convertibles a dólares, además de ser por un monto mucho mayor.
Y aquí se cierra otro círculo, se vuelve al comienzo de esta columna sobre las antípodas entre China y Argentina. China produce más que lo que consume, al revés que EE.UU., que consume más que lo que produce. Para que China siga desarrollándose y aumentando su producción, precisa darles crédito a sus clientes. Y para que EE.UU. le siga comprando, China le presta al adquirir bonos del tesoro norteamericano, siendo ya su principal acreedor mundial (la deuda de EE.UU. excede el 100% de su producto bruto).
En otra dimensión algo similar comienza a suceder con Argentina. A pesar de la soja, China vende más del doble de lo que nos compra, y, al ya no haber más dólares para aumentar nuestras importaciones, para seguir vendiéndonos, China otorga 10 mil millones de dólares que, muy simplificadamente, son un crédito. El swap de monedas se podría traducir como un aumento de la deuda externa al ventajoso (para el riesgo argentino) interés del 5% anual. Nada extraordinario a nivel mundial, porque la semana pasada México colocó bonos de deuda en yenes a menos del 1% en Japón (además el yuan se revalúa), pero de gran ayuda para que el kirchnerismo llegue a fin de 2015.
Un perfecto espejo invertido de chinos que consumen menos que lo que producen, ahorran y guardan para el largo plazo (ahorran el 50% de su producto bruto); versus argentinos que consumen más, ahorran menos y su foco está colocado en el corto plazo.
Estilos de vida que tienen más que ver con lo permanente de la religión que con las ideologías.

Fuente: Perfil