lunes, 5 de enero de 2015

Un clásico: debate sobre librecambio o proteccionismo

Desde la revolución industrial existen defensores de ambas corrientes económicas. Los más recordados son, sin duda, Alexander Hamilton, primer secretario del Tesoro de los Estados Unidos, y Thomas Jefferson, secretario de Estado del mismo país.

POR: Grupo Crónica - 05/01/2015 17:58:12

Por Javier Carrodani - jcarrodani@cronica.com.ar
Una gran problemática económica
Desde que estalló la revolución industrial y comenzó a gestarse el capitalismo, surgieron polémicas entre los defensores del librecambio comercial y los promotores del proteccionismo económico de los países. Una de las más recordadas la protagonizaron Alexander Hamilton, primer secretario del Tesoro de los Estados Unidos, y Thomas Jefferson, secretario de Estado de ese mismo país, en la década de 1790.
El núcleo de la discusión se planteó en el Congreso: la propuesta de Hamilton de crear un banco nacional. Jefferson, firme defensor de los derechos de los estados frente al gobierno federal estadounidense, se opuso con el argumento de que la Constitución no le daba esa facultad al Ejecutivo nacional.
El secretario del Tesoro respondió que la Carta Magna autorizaba al gobierno federal a imponer y recaudar impuestos, pagar deudas y pedir préstamos, y que un banco nacional serviría para cumplir esas funciones con eficacia.
La pelea ideológica de fondo era que Hamilton quería fomentar la industria con medidas proteccionistas -como por ejemplo créditos públicos-, y en contrapartida Jefferson buscaba fortalecer la agricultura dejando al comercio al servicio de ella.
Un siglo después, en 1897, el general norteamericano Ulysses Grant -que participó en la guerra de Secesión y luego fue presidente de su país-, fue invitado a debate sobre políticas económicas en Manchester, Inglaterra.
Allí, los británicos que expusieron elogiaban al librecambismo y cuestionaban las barreras del proteccionismo, en especial el estadounidense. A su turno, Grant respondió que durante dos siglos Inglaterra usó el proteccionismo y que eso le permitió alcanzar su poderío como primera potencia económica mundial.
Luego adoptó el libre cambio, en virtud de la gran ventaja que tenía sobre el resto de las economías. En esa lógica, Grant reclamó el mismo lapso de tiempo, 200 años, para que la industria y la economía estadounidense se desarrollara lo suficiente para competir mano a mano con reglas librecambistas.
La historia mostró que menos de 150 años le bastaron a Estados Unidos (desde su independencia en 1776 hasta el final de la Primera Guerra Mundial en 1919) para ponerse a la altura de su madre patria.

Las dos visiones

Muchos economistas, desde Adam Smith en adelante, sostienen con acierto que un sistema de libre comercio internacional tenderá a que cada país se especialice en producir los bienes y servicios sobre los que tiene ventajas comparadas, y eso logrará una producción global más eficiente, con beneficios para todo el planeta.
Sin embargo, asumiendo que las posturas dogmáticas no llevan a buen puerto, debe entenderse que quienes acceden al gobierno de un país a la hora de tomar decisiones miran no solo los aspectos económicos sino también los sociales, los políticos y hasta los tecnológicos.
En la Argentina, el caso de la reconversión del sector automotor en la década del 90 es un ejemplo de cómo una industria -que por sus características genera muchas actividades relacionadas, con impacto en la actividad económica y en el mercado laboral- puede mejorar su competitividad y eficiencia en algunos años gracias a la protección del Estado vía aranceles, subsidios, cupos de importación y otros instrumentos.
No es viable intentar lo mismo con todos los sectores productivos, pero vale la pena implementarlo en algunos, más allá de que las ventajas comparativas de la Argentina estén principalmente en el sector agropecuario, y allí sí que debe buscarse la forma de incentivar la actividad para que tanto los productores como el Estado puedan salir beneficiados.

Fuente: Crónica