domingo, 28 de junio de 2015

Naomi Klein acusa al capitalismo de destrozar el clima

Para luchar contra el cambio climático, hay luchar contra la actual forma de capitalismo. Es la tesis de la última obra de Naomi Klein, Esto lo cambia todo: el capitalismo contra el clima (Paidós).

La autora es considerada como una de las ideólogas del movimiento altermundista y en contra la globalización. Su libro “No logo” se convirtió rápidamente en el manifiesto de una corriente crítica contra el capitalismo salvaje. Y su otro título, “La doctrina del shock”, fue número uno internacional en ventas.
Con este último trabajo, una investigación laboriosa y documentada de 700 páginas, Klein vuelve a acusar al actual sistema económico, por no querer impulsar las reformas necesarias a evitar la catástrofe del planeta: el calentamiento de la atmósfera. “No hemos hecho las cosas necesarias para reducir las emisiones porque todas estas cosas entran en un conflicto de base con el capitalismo desregulado. Estamos atascados porque las acciones que nos ofrecerían las mejores posibilidades de eludir la catástrofe son sumamente amenazadoras para un élite minoritaria que mantiene un particular dominio sobre nuestra economía”, escribe.
Klein cita una multitud de fuentes que demuestran como la situación de deterioro del planeta, con el aprovechamiento excesivo de los recursos naturales y el consumo de combustibles fósiles está teniendo un impacto devastador sobre el clima. Y cada vez la situación va a peor: en la década de 1990 las emisiones globales crecían a un ritmo del 1% anual. Con la entrada del nuevo milenio, con mercados como el de China integrados en la economía mundial, el ritmo de aumento anual alcanzó el 3,4% durante buena parte de la primera década del siglo XXI.
Las dos señas de identidad de este fenómeno han sido por un lado “la exportación masiva de productos a larguísimas distancias, quemando carbono sin piedad” y por el otro “la importación en todos los rincones del mundo de un modelo de producción, consumo y agricultura despilfarrador”.
El reto, según Klein, es de gran magnitud. En la última cumbre del clima de Copenhague (Dinamarca) los gobiernos de los países más contaminantes firmaron un acuerdo no vinculante por el que se comprometían a impedir que las temperaturas aumentaran más de 2ºC por encima del nivel en el que se encontraban antes de que empezáramos a propulsar nuestras economías con la energía del carbón
Pues bien, para cumplir con los límites, los países ricos deberían recortar las emisiones en torno a un 8-10%, “lo que es sencillamente imposible para un mercado libre. De hecho el nivel de disminución de las emisiones sólo se ha producido en el contexto de algún colapso económico o de depresiones muy profundas”, señala Klein.

¿Qué hacer? La autora cree la del cambio climático “es una batalla entre el capitalismo y el planeta. Y ahora mismo el capitalismo la está ganando con holgura. Necesitamos un modelo económico totalmente nuevo. Necesitamos evolucionar”.
La responsabilidad está en manos de la sociedad, en particular de todos aquellos movimientos de distinta índole e origen, que aspiran a cambios sociales. El problema es que hasta ahora sus reivindicaciones han caído en saco roto. Y Klein hace autocrítica. “Buena parte de la movilización contra el cambio climático perdió unas décadas preciosas tratando de cuadrar el círculo de la crisis del clima para que encajara en el molde que le marcaba el capitalismo desregulado, buscando una y otra vez vías que permitieran que el mercado mismo resolviera el problema”.
La autora cree que ha llegado la hora de dar un paso más, que supondrá el cuestionamiento de las estructuras económicas existentes.”Si la justicia climática se impone, los costes económicos para nuestras élites serán reales, no solo por el carbono que se deje en el subsuelo sin extraer, sino también por las regulaciones, los impuestos y las políticas sociales que habrá que aplicar para emprender la transformación necesaria. Estas nuevas contribuciones exigidas a los ultrarricos podrán suponer, en la práctica, el fin de la era de los oligarcas de Davos”.
Klein que el momento es propicio para actuar, porque “la ideología del libre mercado ha quedado desacreditada tras décadas de desigualdad y corrupción crecientes, que le han restado buena parte de su anterior poder persuasivo”.
Se trata, en sus palabras, de poner en marcha un nuevo Plan Marshall sobre el clima. “Podemos transformar nuestra economía para que sea menos intensiva en recursos, potenciar la expansión y la creación de empleo en los sectores bajos en carbono y la contracción de aquellos sectores “altos en carbono”.
¿Quién debe liderar este proceso? Naomi Klein invoca una “resistencia masiva”, en manos a distintos movimientos, que, a su vez, tienen su origen en reivindicaciones antiguas, como ya ocurrió con el apartheid, el movimiento feminista, la lucha para los derechos homosexuales, los movimientos de la soberanía indígena.
En sus páginas finales, la autora llega a comparar la próxima revolución sobre el clima como la lucha que se llevó, siglos atrás, para la abolición de la esclavitud. “La dependencia que la economía estadounidense tenía de la mano de obra esclava, especialmente en los estados sureños, sí es comparable con la dependencia de los combustibles fósiles que evidencia la economía global moderna”.
El libro gustará a los lectores dotados de con espíritu reivindicativo y aquellos más sensibles a temas medioambientales. En cambio, al hombre de Davos que circula con el todoterreno a todo gas por la nieve es posible no le entusiasme demasiado y que opte por pegarse un baño en su Jacuzzi caliente.

Fuente: La Vanguardia