sábado, 22 de octubre de 2016

¿Por qué el delta del Paraná es un lugar único?


Delta, ¿por qué? (*)

Para entender porque llamamos delta a un delta nos tenemos que remontar a la época de Herodoto, el primero en usar este término, alrededor de los 450 A. C. El llamó delta a la desembocadura del río Nilo haciendo alusión a la letra griega mayúscula con forma de triángulo, equivalente a nuestra D. Existen varios deltas en todo el mundo; algunos de los más importantes y conocidos son el delta del Nilo en Egipto, el del Mississippi en Estados Unidos, el del Ganges en la India, el del Orinoco en Venezuela y el más cercano al nuestro, el del Amazonas en Brasil. Todos ellos desembocan en mares u océanos, lo que los diferencia de nuestro delta del Paraná, ya que es el único de los grandes deltas que lo hace en un estuario de agua dulce, el Río de la Plata.
El río Paraná debe su nombre al idioma tupi-guaraní que significa “pariente del mar”; tenemos que tener en cuenta que es el segundo río más caudaloso de Sudamérica después del Amazonas y que recorre un tercio del conteniente, arrastrando una enorme cantidad de sedimentos provenientes del noroeste de nuestro país. Las aguas de este río, al entrar en contacto con el estuario del Río de la Plata, que posee una menor pendiente, pierden velocidad por lo que los sedimentos se desaceleran, precipitando y acumulándose en el fondo del estuario. También influyen otros factores como el nivel de salinidad y densidad del agua, la granulometría de los sedimentos, la acción de los vientos, la profundidad de las aguas en las áreas costeras y el crecimiento de la vegetación (como los jucos) que colonizan los bancos de sedimentos recientemente expuestos. De todas formas se debe tener en cuenta que no todos los ríos y arroyos pueden formar un delta ni todos los deltas tienen forma de letra griega “Δ”. Existen deltas con otras formas como los arqueados o lobados (Ródano, Rin y Danubio), los triangulares o en cúspide (Tiber), los digitados o con forma de pata de pájaro (Mississippi y Paraná). 

¿En dónde estamos?

La región del Delta del Río Paraná constituye la porción terminal de la Cuenca del Paraná-Plata, desplegándose a lo largo de los 300 km finales del río Paraná. Abarca una superficie aproximada de 17.500 km2, alcanzando en su parte más ancha unos 95 km. Se extiende desde la ciudad de Diamante, en la provincia de Entre Ríos, hasta la desembocadura de los ríos Paraná y Uruguay en el estuario del Río de la Plata. Es el tercero en importancia en Sudamérica después del Amazonas y el Orinoco.
El Delta del Río Paraná constituye una región con características biogeográficas y ecológicas únicas dentro de la Argentina, formando, con las llanuras aluviales del Bajo Paraguay, del Paraná y del Uruguay la ecorregión “Delta e Islas de los ríos Paraná y Uruguay”. El Delta se divide en tres sectores: Superior, Medio e Inferior; este último es el que ha sufrido la mayor transformación por la acción del hombre debido a su cercanía con el cordón urbano-industrial más importante, la Capital Federal, aunque aún perdura una importante explotación de sus recursos naturales. 

Evolución del delta

Las particulares características ecológicas y biogeográficas que distinguen al Delta del Paraná son el resultado de la acción de tres factores básicos: el régimen climático, los procesos goemorfológicos pasados y actuales y el régimen hidrológico.
El clima de la región puede definirse como “templado sub-húmedo” con lluvias todo el año y una temperatura media anual de 16.7 °C, la humedad relativa es del 79% y la precipitación anual es de 1073 mm.
Con respecto a los procesos geomorfológicos que tuvieron y tienen lugar en la región, debe señalarse que las geoformas que caracterizan los paisajes del Delta del Paraná son, en gran parte, el resultado de procesos de ingresión y regresión marinas que tuvieron lugar durante el Holoceno, última y actual época geológica del período Cuaternario desde el fin de la última glaciación (11.000 años); a los que se les superponen procesos fluviales y deltaicos pasados y actuales.
En cuanto al régimen hidrológico, el mismo es complejo y está determinado por inundaciones periódicas de distinto origen que afectan, a distintos sectores del Delta: crecientes de los ríos Paraná, Uruguay y Gualeguay y mareas astronómicas y meteorológicas (sudestadas) del Río de la Plata. En ocasiones, dichas inundaciones, en forma individual o combinada, pueden provocar graves problemas por la altura y/o permanencia de las aguas, tal como ocurrió con los eventos extraordinarios de 1982-83, 1992, 1998, 2007 y 2009.
Al igual que todos los deltas actuales del mundo, su antigüedad no puede superar los 6.000-7.000 años pues es en esa época en donde se produjo el máximo transgresivo a nivel global y particularmente a nivel local, momento a partir del cual el nivel del mar comenzó a descender paulatinamente, sin aceleraciones ni interrupciones, posibilitando la acumulación de los sedimentos aportados por los ríos. 

Haciendo historia: 

Esta región también guarda un valioso patrimonio cultural que dejaron los pueblos originarios que vivieron en ellas, como los “Chaná”, “Beguá”, “Timbú” y “Chaná-Timbú”. Estos grupos que habitaban todo el año en el Delta, vivían de la caza, la pesca y la recolección de alimentos, además de efectuar algunas prácticas de agricultura a pequeña y mediana escala. También habitaba un grupo completamente diferente, los “Guaraníes”, quienes se asentaron en el Delta unos pocos siglos antes del arribo de los españoles. Estos grupos practicaban la agricultura por roza y quema, cultivando básicamente maíz y calabazas. Un tercer grupo, también distinto de los anteriores, era aquel que los españoles llamaron “Querandí”. Estos vivían en el interior de la llanura pampeana y sus grupos se acercaban a explotar los recursos de la línea fluvial Paraná-Plata durante determinadas épocas del año.
Los estudios llevados a cabo han demostrado que los aborígenes ya basaban su economía en la pesca del sábalo, el armado, de los mamíferos típicos del humedal como el ciervo de los pantanos, el venado de las pampas, el coipo y el cuis. Para obtenerlos, desarrollaron un complejo sistemas de armas que incluían las redes de pesca, los arpones, el arco y la flecha, la lanza y la tiradera o estólica. A mediados del siglo XIX se produce el asentamiento de distintas colectividades europeas y a principios del siglo XX el Bajo Delta adquirió un papel preponderante como área de recreación y descanso para la alta sociedad porteña.
Si observamos la arquitectura del lugar nos encontramos con casas muy particulares que se encuentran elevadas a través de unos pilotes que las separan del suelo y las protegen de la humedad constante y de las continuas crecidas. Este tipo de construcciones son conocidos por el nombre de “palafítos”.

¡Sorprendentemente diverso!

Este maravilloso lugar se caracteriza por albergar especies que provienen de las regiones chaqueña, paranaense y pampeana sumado a las especies que ingresan desde el mar a través del estuario del Río de la Plata. Por este hecho y por la heterogeneidad ambiental producto de procesos pasados y presentes, el delta se destaca por poseer una elevada diversidad biológica que consta de alrededor de 700 especies de plantas y de 567 especies de vertebrados que conforman 47 mamíferos, 269 aves, 37 reptiles, 27 anfibios y 187 peces. En él se encuentra el límite sur de distribución de muchas de éstas especies. Estas características biogeográficas y ecológicas particulares hacen que el Delta del Paraná sea una región única dentro del territorio de la Argentina, ofreciendo una gran variedad de bienes y servicios a la sociedad. Entre ellos se pueden mencionar: reserva de agua dulce, amortiguación de inundaciones, control de la erosión costera, regulación del clima, depuración del agua, provisión de gran cantidad de recursos pesqueros, de caza, madereros, medicinales y para la construcción entre otros, presencia de flora apta para la agricultura, provisión de forraje para la ganadería y suministro de numerosos sitios de refugio, alimentación y reproducción para especies de fauna silvestre. Además, brindan ámbitos propicios para la realización de actividades educativas y de investigación científica y desarrollo de actividades de turismo y recreación.

¿Área bien conservada?

Desde su colonización, el Delta ha sufrido un importante proceso de modificación de sus ambientes y pérdida de especies como el yaguareté. Particularmente, en el Bajo Delta, los bosques asentados en las márgenes de sus ríos y arroyos se encuentran actualmente compuestos mayormente por especies vegetales exóticas como ligustros, ligustrinas, moreras, fresnos, madreselvas y zarzamoras, entre otras, que fueron introducidas con distintos fines. En medio de ellas persisten individuos de especies nativas como el canelón, la anacahuita, la palmera pindó y el chal-chal. Las forestaciones de sauces y álamos también ocupan importantes superficies tanto de los albardones como de las áreas bajas del interior de las islas, en muchos casos rodeadas por importantes terraplenes que alteran drásticamente los humedales en el interior de los mismos. A pesar de ello, muchas especies animales amenazadas o de importancia socioeconómica aún se encuentran presentes en esta región tales como el ciervo de los pantanos, el lobito de río, la pava de monte y una variedad particular de gato montés de pelaje negro. Estas características hacen que las islas del Bajo Delta representen un área valiosa para la conservación de parte de la diversidad biológica de nuestro país.
La conservación de este emblemático lugar es fundamental, no sólo por los beneficios que brindan a la sociedad, lo que reviste su importancia de conservación para las generaciones futuras.

(*) Texto: Pablo Saccone, Valentina Villar, Rubén Quintana - Escrito para (ARSAL) Argentina Salvaje.