miércoles, 4 de enero de 2017

Fascinación y escepticismo para un teleférico en las afueras de Ciudad de México

Una vista de Ecatepec de Morelos desde la Estación Mexicable #4. El Mexicable es una línea con siete
paradas que recorre poco más de cuatro kilómetros a través de un tramo de vecindarios pobres en una ladera
ECATEPEC DE MORELOS, México - Avanzar por encima del tráfico infernal de Ciudad de México normalmente es una prerrogativa de los adinerados, quienes toman helicópteros o pagan por usar el segundo piso del Periférico para evitar el caos que está abajo.
Sin embargo, en octubre, miles de residentes de este suburbio industrial comenzaron a llegar al trabajo o la escuela en vagones de colores que se deslizan a lo largo de la primera ruta de teleférico de la ciudad.
El Mexicable, una línea de siete paradas que recorre poco más de cuatro kilómetros a través de un tramo de vecindarios pobres en una ladera, es parte de una creciente constelación de teleféricos en toda América Latina que enlazan comunidades marginadas con los centros metropolitanos de sus ciudades.
En Ecatepec, el municipio más peligroso y grande de la Zona Metropolitana de Ciudad de México, de más de 20 millones de habitantes, el Mexicable ha traído nuevos visitantes, viajes más cortos, una explosión de arte urbano y un nuevo sentimiento de inclusión, dijeron algunos residentes.
“Es genial”, dijo Marco Antonio González, quien solía pasar una hora en un autobús abarrotado para ir desde su casa en San Andrés de la Cañada, la parada final del Mexicable, a su trabajo en un almacén en el centro de Ecatepec. Ahora hace un trayecto de 17 minutos sin complicaciones por encima de techos pardos, canchas de fútbol a medio cubrir de pasto y calles estrechas llenas de banderines brillantes.

“Nunca habían construido algo tan impresionante como esto en un vecindario como el nuestro”.
El nuevo sistema de transporte lo llena de orgullo. “Nunca habían construido algo tan impresionante como esto en un vecindario como el nuestro”, dijo.
Ecatepec se extiende hacia el norte desde el extremo final de la red del metro de la capital hasta colinas empinadas donde casas de bloques de hormigón se apilan como piezas de Lego. Muchos de los usuarios del teleférico se suben a un autobús y después al metro para llegar a sus trabajos - en restaurantes, casas, oficinas o sitios de construcción - en las partes más acomodadas de la ciudad.

Una niña con su abuelo. El Mexicable transporta en promedio a 18.000 pasajeros al día.
Nancy Montoya, un ama de casa que vive en Esperanza, cerca de la sexta parada del Mexicable, dijo que ahorra cerca de dos horas al día con el nuevo sistema de transporte; es el mismo tiempo que pasa haciendo las tareas del hogar con sus hijos o comprando provisiones.
Su viaje también es menos aterrador. A Montoya, de 36 años, la han asaltado en autobuses tan a menudo que ha perdido la cuenta de cuántas veces, una queja frecuente de los residentes de esta zona.
“Solo me sentaba ahí, esperando a que se subieran al autobús”, dijo, refiriéndose a los ladrones.
Ahora ve las combis o los microbuses desde su transporte aéreo.
“Me imagino que siguen asaltando a la gente”, dijo, “pero ya no me afecta”.
A lo largo de los últimos doce años se han construido sistemas funiculares en distintas ciudades latinoamericanas, entre ellas Cali y Medellín en Colombia; Caracas en Venezuela; La Paz en Bolivia, y Río de Janeiro en Brasil. Hay planes para construir sistemas de este tipo en otra media decena de ciudades en la región, de acuerdo con Gondola Project, que lleva registro de los programas de teleféricos en todo el mundo.
El sistema de teleférico de Medellín, que comenzó a operar en 2004, ha ayudado a revitalizar algunos de los vecindarios más problemáticos de la ciudad; es parte de una renovación que incluye jardines, un museo y una biblioteca. En La Paz, el sistema inaugurado en 2014 ha unido a comunidades divididas por la raza y el estatus social.
Esos éxitos han aumentado las expectativas del poder transformador de los teleféricos, pero algunos expertos están preocupados de que se estén convirtiendo en un truco político.
Julio Dávila, profesor de políticas urbanas y desarrollo internacional de la University College London que ha estudiado los proyectos de teleférico en Colombia, dijo que no podía calcularse el beneficio social de vincular comunidades pobres a la vida económica de una ciudad.

A lo largo de la ruta, el gobierno ha pintado fachadas de rosa brillante, verde y malva, 
además de comisionar cerca de 50 enormes murales.
 “No se puede utilizar el análisis tradicional de costo-beneficio”, dijo. “Lo importante es dar acceso a los pobres y que se sientan incluidos en la ciudad”.
En Ecatepec, dijeron algunos residentes, el proyecto Mexicable ha traído un poco de progreso urbano. El gobierno municipal ha instalado nuevos faroles en las calles y ha pavimentado algunos caminos.
A lo largo de la ruta, el gobierno ha pintado fachadas de rosa brillante, verde y malva, además de comisionar cerca de 50 enormes murales: las fauces abiertas de un tiburón en un techo; un retrato de Frida Kahlo que pintó el artista neoyorquino de grafiti Alec Monopoly; un elefante parecido a Elmer esculpido por el artista oaxaqueño Fernando Andriacci; una chica sonriente cuyo rostro envuelve una de las estaciones de concreto del Mexicable.
Pero los residentes se mostraron escépticos acerca de que las iniciativas de mejorar el aspecto del municipio trajeran el tipo de renacimiento del que ha disfrutado Medellín.
Nelli Huerta, un ama de casa que estaba esperando un autobús en Tablas del Pozo —casi a medio camino de la ruta del Mexicable— con su hija de diez años, dijo que había usado el teleférico algunas veces pero prefería viajar por tierra firme. Mirando hacia arriba mientras los vagones colgantes pasaban, dijo que el gobierno debió haber gastado ese dinero mejor en servicios básicos.
“¿Cuántas personas en San Andrés no tienen agua, no tienen luz, no tienen caminos pavimentados?”, preguntó. Los murales que están a lo largo de la ruta del Mexicable son “bonitos”, dijo, como también lo son las casas recién pintadas. Pero, agregó, “tan solo están disfrazando el problema”.

“¿Cuántas personas en San Andrés no tienen agua, no tienen luz, no tienen caminos pavimentados?”.
Siempre escépticos del gobierno, los mexicanos recurrieron a las redes sociales para burlarse del proyecto cuando se inauguró y señalaron el pasto falso que se colocó temporalmente para cubrir una cancha de fútbol árida, así como a los francotiradores que se encontraban en los techos para proteger al presidente Enrique Peña Nieto cuando inauguró el teleférico en octubre.

Una de las estaciones del Mexicable de Ecatepec al amanecer. Algunos residentes sienten que el gobierno 
debió haber gastado el dinero que se utilizó en el sistema de teleférico para cubrir servicios básicos.
Joel Hernández, quien trabaja para el Movimiento Ciudadano por una Vida Digna, una organización comunitaria de izquierda con sede en el lugar, dijo que el gobierno debió haber gastado ese dinero en profesores y escuelas, una causa menos emocionante que tendría efectos mucho más duraderos en su comunidad.
“Cambiar las apariencias no es una prioridad”, dijo. “Pero mediante la educación de verdad pueden cambiarse las cosas”.
Algunos residentes señalaron que, sin tomar en cuenta los viajes matutinos y vespertinos, muchas cabinas estaban vacías o llevaban solo a un par de pasajeros. Paul Abed, director del Mexicable, dijo que el sistema transportaba en promedio a 18.000 pasajeros al día y esperaban alcanzar la cifra de 30.000. Otros municipios que forman parte del área metropolitana de Ciudad de México, entre ellos Naucalpan e Ixtapaluca, estaban considerando construir sistemas funiculares también, dijo.
Fernando Páez, director de los sistemas integrados de transporte del Instituto de Recursos Mundiales en Ciudad de México, señaló que el éxito de Mexicable dependería de planes para conectarlo con un sistema de autobuses de tránsito rápido que, a su vez, se conectaría con el metro. Por el momento, los pasajeros tienen que pasar a un servicio temporal de autobuses.
“Resolverá los problemas de transporte de una población”, dijo. “Pero necesita conectarse con el metro”.
Por ahora, tan solo estar conectado al centro de Ecatepec es un gran cambio, dijeron algunos residentes. Y, por primera vez, visitantes de toda Ciudad de México han venido para echar un vistazo a su vecindario. Cerca de un cuarto de millón de personas —muchos ajenos al municipio— utilizaron el sistema durante la primera semana, cuando era gratuito y todavía una novedad.
Blanca Estela Rosas, quien utiliza el Mexicable cada día para llevarle el almuerzo a su esposo desde San Andrés hasta su taller en Tablas del Pozo, se sorprendió de ver que la gente visitaba su comunidad.
“Creímos que estas cosas eran para lugares bonitos con montañas”, dijo sobre el teleférico.
“Aquí no hay paisajes hermosos”, agregó. “Pero ahora estamos en el mapa”.

Fuente: New York Times