miércoles, 12 de abril de 2017

El antepasado más antiguo de las aves y los dinosaurios

Un nuevo estudio, en el que participó un investigador del CONICET, muestra que algunos rasgos característicos de los dinosaurios habrían aparecido antes de lo que se creía y la diversidad anatómica habría sido mayor a la esperada.
Hace aproximadamente 250 millones de años ocurrió la extinción masiva del Pérmico-Triásico, un evento en el cual murieron hasta el 96 por ciento de las especies marinas y un porcentaje similar de las terrestres. Cerca de tres millones de años después se produjo la separación, a partir de un ancestro en común, de los linajes que con el tiempo darían origen a las aves y los cocodrilos. El grupo que incluye tanto a cocodrilos como aves se lo denomina Archosauria, que significa ‘reptiles dominantes’.
A partir de esos hechos – documentados por el hallazgo de sus fósiles – la ciencia fue estableciendo los linajes y la evolución de las diferentes especies de cocodrilos y dinosaurios a lo largo de millones de años. Sin embargo, la descripción reciente de una especie, Teleocrater rhadinus, obliga a replantear mucho de lo que se sabía: incluye los huesos fósiles más antiguos del linaje que daría origen a los dinosaurios y a sus descendientes, las aves.
A partir de esta información los científicos deben rearmar el árbol de la evolución porque Teleocrater es el primer ejemplar de un nuevo grupo de reptiles enigmáticos, que llamaron Aphanosauria, que vivió antes de la separación entre los linajes de dinosaurios y pterosaurios. El trabajo fue publicado en la reconocida revista Nature.
Es decir que, a partir de un único ancestro en común se abrieron dos ramas: la que con el tiempo llevaría a la aparición de los cocodrilos (rama cocodriliana), y la segunda (rama aviana), que daría con el tiempo origen a los dinosaurios no avianos y a las aves. Es al inicio de esta segunda rama que se ubica Teleocrater.
Este animal tenía características físicas similares a los dinosaurios y los cocodrilos. “Nos muestra que los precursores de los dinosaurios tenían una diversidad anatómica mucho más amplia de la que se pensaba y muchas características presentes en los precursores de los cocodrilos se encontraban también en los miembros más antiguos del linaje de las aves, como por ejemplo una configuración de los huesos del tobillo que se creía que era exclusiva de los cocodrilos y sus predecesores”, explica Martín Ezcurra, investigador adjunto del CONICET en el Museo Argentino de Ciencias Naturales ‘Bernardino Rivadavia’ (MACN-CONICET) y uno de los autores del trabajo.
La edad de los fósiles ronda los 240-245 millones de años. Teleocrater era un cuadrúpedo de constitución ligera, con un largo aproximado entre 2 y 3 metros, una altura cercana al medio metro, pesaba entre 10 y 30 kilos y tenía una cola larga. Era más parecido a un cocodrilo que a los pequeños precursores de los dinosaurios que se conocían de rocas algo más jóvenes del noroeste de la Argentina. Los aphanosaurios tenían un cuello relativamente largo, como otras especies emparentadas con los dinosaurios, y dientes afilados, serrados y curvos, lo que sugeriría una dieta carnívora.
“Teleocrater y el nuevo grupo de animales que describimos en nuestro trabajo, los Aphanosauria, permiten llenar una brecha anatómica y temporal en la historia evolutiva del linaje que condujo a los dinosaurios”, agrega Ezcurra.

Parientes cercanos

El nombre Teleocrater deriva del griego antiguo y se refiere a la forma de la cavidad de la cadera donde se insertaba el fémur (‘Teleos’, significa completo y ‘krater’, cuenca), y rhadinos, que significa esbelto, en referencia a su contextura anatómica.
“Esta especie provee nueva información que nos permite reconocer un grupo completamente nuevo de reptiles enigmáticos (que hemos llamado Aphanosauria) en la base de la línea aviana de los arcosaurios, antes de la división entre los linajes de pterosaurios y dinosaurios”, explican los autores en el trabajo.
“Los miembros de Aphanosauria tenían morfologías transicionales que combinan características presentes en los ancestros comunes de aves y cocodrilos, como articulaciones en los tobillos similares a las de los segundos, articulación accesoria en las vértebras dorsales, modificación en la segunda costilla sacra y la presencia de inserciones musculares ubicadas en regiones características cercanas a la articulación del fémur y la cadera”, agrega Ezcurra.

La historia del antepasado que nadie conocía

Las aves y los cocodrilos, ambos arcosaurios modernos, divergieron de su ancestro común en el Triásico Temprano, hace aproximadamente 247 millones de años, antes de la aparición de los primeros dinosaurios. En el momento de esta separación (conocida como divergencia entre cocodrilos y aves) ocurrieron cambios morfológicos, como en las proporciones de los miembros y el tamaño del cuerpo, entre otros.
Teleocrater rhadinus vivió en el Triásico Medio, entre 240 y 245 millones de años atrás. Por esa época el supercontinente Pangea, donde vivía, habría comenzado a separarse y por eso los fósiles de Teleocrater y sus parientes fueron encontrados en Rusia, India, Tanzania y Brasil.
Los primeros fósiles de Teleocrater fueron hallados en 1933 por F. Rex Parrington en Tanzania, un paleontólogo británico de la Universidad de Cambridge. Estos restos fueron estudiados preliminarmente en 1956 por el también británico Alan Charig pero nunca se publicaron. Nuevos restos de Teleocrater fueron encontrados también en la misma región de Tanzania por un equipo internacional – del que participaron varios autores de este trabajo – en 2015.

Teleocrater. Imagen: gentileza Gabriel Lío.

Teleocrater rhadinus. Imagen: gentileza Gabriel Lío.

Fuente: CONICET Dialoga

domingo, 9 de abril de 2017

Más de 200 especies de animales habitan el delta del Paraná en Tigre

El dato surge de los relevamientos de biodiversidad realizados por la Fundación Azara en conjunto con el Municipio. En el último de ellos, efectuado en marzo, se registraron especímenes no detectados en los monitoreos previos de 2015 y 2016.
Los resultados obtenidos a través de los relevamientos de biodiversidad en el Delta de Tigre realizados por la Fundación Azara con el apoyo del Municipio en el marco del Observatorio Ambiental del Delta, confirmaron que son más de 200 las especies de animales que habitan en la zona de islas. Según el historial completo de monitoreos, conviven un total de 95 especies de peces, 114 de aves, ocho de anfibios, dos reptiles y seis mamíferos.
De acuerdo al informe técnico del último relevamiento, efectuado en marzo pasado, se detectaron en las islas de Tigre 56 especies de peces, 56 aves, cuatro anfibios, cinco mamíferos y una de reptil. Además, durante los estudios actuales fueron registrados tres especímenes de peces no detectadas en los monitoreos previos: el dientudo jorobado (Galeocharax humeralis), la mariposita (Characidium zebra) y el cascarudo (Hoplosternum littorale). Se trata de ejemplares que habitan la cuenca de los ríos Uruguay, Paraguay y Paraná.
Ranita nadadaora chica (Psudislimellus)
Este nuevo relevamiento forma parte de las tareas que se desarrollan en el Observatorio Ambiental del Delta de Tigre, contemplado dentro del Plan de Manejo del Delta, a partir de un convenio del Municipio de Tigre con la Fundación de Historia Natural Félix de Azara, una prestigiosa institución que realiza trabajos de investigación y conservación en todo el país.
 Los análisis destacaron también la presencia del emblemático surubí pintado (Pseudoplatystoma corruscans) en los arroyos internos de la reserva Delta Terra, parte fundamental del ecosistema para el desarrollo de un animal cada vez más inusual en el Delta bonaerense.
Otro punto a remarcar es la aparición de ejemplares de carpa (Cyprinus carpio), una variedad exótica de pez originaria del área que comprende el Mar Negro, el Mar Caspio y la región del Turquestán. Su presencia sumamente perjudicial se traduce en la perturbación del ambiente que provoca y el consecuente desplazamiento de muchas especies nativas. Desgraciadamente, los avistamientos en la primera sección de islas del Delta son cada vez más comunes; una tendencia que se observa en muchas otras partes de la cuenca del Río de la Plata.
Por otro lado, entre las aves observadas se detectaron cuatro especies sin registros en los monitoreos anteriores: el burrito colorado (Laterallus leucopyrrhus), el carpintero campestre (Colaptes campestris), la reinamora grande (Cyanocompsa brissonii) y el varillero ala amarilla (Agelasticus thilius). Fueron a su vez registradas especies típicas de los cuerpos de agua del Delta como el biguá, la garza mora y la garcita azulada.
Surubí pintado (Pseudoplatystoma corruscans)
Entre los mamíferos fueron registrados ejemplares de carpinchos (Hydrochaeris hydrochaeris), coipos (Myocastor coipus), comadrejas (Didelphis albiventris) y un murciélago (Myotis levis). El lagarto overo fue el único representante de los reptiles y la rana nadadora chica fue registrada por primera vez durante los relevamientos. Por último, se realizaron análisis preliminares para evaluar la presencia de la almeja asiática Corbicula fluminea.
Hasta principios del siglo XX hubo en el delta yaguares, que dieron su nombre al río Tigre y al partido homónimo. Han sido cazados hasta su extinción, lo mismo ha ocurrido con los yacarés, pumas, arirays, pecaríes, curiyues y aguaraguazúes.
En los lugares más apartados de la presencia humana sobreviven todavía algunos ciervos de los pantanos, especie autóctona de color pardo, con patas negras y círculos blancos alrededor de los ojos. Hay allí también carpinchos, coipos (pseudonutria), lobitos de río (una especie de nutria genuina) y algunos gatos monteses.
Hay numerosas especies de aves, como el zorzal, el biguá, el martín pescador, el benteveo, la calandria, el boyero y la pava de monte. Hubo en otros tiempos abundantes bandadas de cisnes, y papagayos pero han desaparecido.
Son bastante comunes algunos reptiles y anfibios, como culebras, diversas especies de sapos, ranas y escuerzos.
En las aguas calmas del delta encuentran refugio peces como el dorado, el surubí, el bagre, el patí, la tararira, la boga, el sábalo y la raya.
El «Pontoporia blainvillei» (delfín franciscano), del estuario del río de la Plata, ha sido citado a veces en el delta del Paraná y, con dudas, en el tramo inferior del río Paraná.